🎤 Entre Pastores
La disciplina bíblica busca restaurar, no castigar
Sugel Michelén y Alejandro Molero explican por qué la disciplina no es castigo sino un acto de amor, y por qué una iglesia que no la practica dejó de imitar a Dios.
Alejandro Molero: Muy buenos días, buenas tardes, buenas noches. El Señor les bendiga. Bienvenidos a otro episodio de Entre Pastores. Nosotros les traemos este nuevo episodio desde 9Marcas, y 9Marcas existe para ayudar a los líderes a edificar iglesias saludables. Les habla su servidor, Alejandro Molero, y, como siempre, nos acompaña…
Sugel Michelén: Nuestro hermano…
Alejandro Molero: Nuestro hermano, ¿cómo es que se llama usted?
Sugel Michelén: Sugel Michelén.
Alejandro Molero: Bienvenido, hermano, una vez más. Hoy tenemos un tema bastante, bastante polémico, espinoso, y seguramente va a haber quien tenga más preguntas de las que podemos llegar a hablar en estos minutos. Vamos a hablar de la disciplina de la iglesia.
Estoy casi seguro de que la mayoría de los que puedan estar escuchando han conocido casos tristemente trágicos de cómo se ha ejercido la disciplina en aquella iglesia, donde no resultó la cosa muy agradable. Entonces, vamos a tratar de ponernos prácticos y ponernos bíblicos en este tema, que seguramente es una tarea pendiente, es una asignatura pendiente en muchas de las iglesias, por cualquiera de los dos extremos: por impositivo o por permisivo.
Así que vamos a tratar de mantenernos edificando a los que oyen, pero también ayudando a los pastores, a los líderes de la iglesia, a entender qué es la disciplina bíblica. Permítame empezar con esa pregunta para conversarla: ¿qué es la disciplina bíblica? Y luego hablamos de cómo practicarla en el contexto de la iglesia.
Sugel Michelén: Disciplina y discipular son dos palabras relacionadas.
Alejandro Molero: Mmm.
Sugel Michelén: A veces pensamos en disciplina como castigo. De hecho, en la familia se habla de la disciplina de los hijos como castigar a los hijos. Pero realmente hay dos tipos de disciplina, tanto en el hogar como en la iglesia: está la disciplina formativa y está la disciplina correctiva.
Y es importante que la gente lo entienda de esa forma, porque no siempre se asocia que cuando un pastor está en el púlpito predicando la Palabra, o cuando un hermano está discipulando a otro, están practicando la disciplina, la disciplina formativa. Estamos formando a Cristo en el corazón del hermano. Correctiva es cuando hay un problema, una dificultad o incluso hasta una mala doctrina, algo que debe ser corregido. Pero aun la disciplina correctiva no es castigo. La disciplina correctiva es un acto de amor.
Alejandro Molero: Es un acto de amor.
Sugel Michelén: A través del cual nosotros, preocupados por el cuerpo de Cristo y por el crecimiento espiritual del hermano, practicamos la disciplina correctiva con el propósito de cuidarlo. Entonces, la disciplina correctiva, al igual que la formativa, es un acto de amor. El propósito de la disciplina correctiva es restaurar.
Alejandro Molero: Ya.
Sugel Michelén: No aplastar. Fíjate, como dice Gálatas, capítulo 6.
Alejandro Molero: Seis.
Sugel Michelén: Dice: «Si alguien es sorprendido…».
Alejandro Molero: «Si alguien es sorprendido…».
Sugel Michelén: «…ustedes que son espirituales, restáurenlo…».
Alejandro Molero: «…en un espíritu de mansedumbre».
Sugel Michelén: «En un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo» (Gálatas 6:1). O sea, no es como…
Alejandro Molero: No es venganza.
Sugel Michelén: «Ven acá, pobre pecador».
Sugel Michelén: No. Tú y yo estamos hechos de la misma masa. Yo sé que yo pudiera mañana estar ahí, en esa posición, pero yo quiero ayudarte, yo quiero tenderte una mano. Esa es básicamente la idea de la disciplina en Gálatas 6 y en todo el Nuevo Testamento.
Alejandro Molero: Sí. Entonces, desde ese punto de vista, la disciplina correctiva es practicada con una mano cariñosa en vez de un puño castigador y vengador.
Sugel Michelén: Cristo nos enseñó a lavarnos los pies los unos a los otros.
Alejandro Molero: Ya.
Sugel Michelén: La disciplina correctiva tiene muchas facetas, porque aun amonestar a un hermano… Y amonestar no significa regañar. Amonestar significa poner en la mente del hermano —de hecho, es lo que significa etimológicamente la palabra—, poner en la mente del hermano una verdad bíblica que él no está considerando en ese momento. Así que no es regañar. Pero Cristo nos enseñó a lavarnos los pies. Y no lo hagas con agua hirviendo o con ácido de batería.
Sugel Michelén: O sea, es lavarnos los pies con agua tibia, para que el hermano pueda seguir caminando y pueda seguir corriendo esta carrera, y nos estamos ayudando mutuamente. Cuando vemos la disciplina desde esa perspectiva, amamos la disciplina bíblica.
Alejandro Molero: Y la invitamos, la quisiéramos. Alguien dijo alguna vez que nosotros nos hacemos miembros de una iglesia para que nos ayuden a seguir siendo cristianos, a seguir amando a Cristo, a seguir reflejando el carácter santo que el Señor demanda de su pueblo. Pero eso requiere que nosotros mismos invitemos a que otros hablen de parte de Dios en nuestra vida, para no desviarnos, para no caer, para no resbalarnos. Entonces, desde ese punto de vista, entender la disciplina bíblica como formativa y correctiva nos ayuda a ver que no es un concepto punitivo, de golpear, de castigar, de venganza.
Sugel Michelén: Mira, un texto muy conocido por, yo creo, casi todos los evangélicos: Hebreos 12:6. «Dios, al que ama, disciplina». Bueno, como nosotros, la iglesia, somos imitadores de Dios, tenemos que hacer lo mismo. Una iglesia que no está practicando la disciplina sencillamente ya dejó de imitar a Dios. Es tan serio como eso. «Dios, al que ama, disciplina». Y disciplina, dice el texto, para nuestro bien, para hacernos cada vez más santos.
Jonathan Leeman tiene algunas cosas que él pone en una lista de propósitos de la disciplina. Y yo no sé si los hermanos vieran de qué se trata esto y qué es lo que persigue… Tal vez verían la disciplina con otros ojos.
Alejandro Molero: Sí, vamos a hablar precisamente de eso. ¿Cuáles serían los pecados por los cuales deberíamos, o los motivos por los cuales deberíamos, comenzar un proceso de disciplina eclesiástica? O sea, tampoco es que yo pienso que tú estás arrogante el día de hoy, entonces, bueno, voy a hablar con la iglesia para que te expulsen. Seguramente…
Sugel Michelén: No saludaste al pastor.
Alejandro Molero: Ajá. Punto, listo.
Sugel Michelén: O a la esposa del pastor.
Alejandro Molero: Hay que sentarlo seis meses en la silla negra, en la esquina, con una oreja de burro. No.
Seguramente hay mucha gente que nos está escuchando, Sugel, que ha sufrido los embates de una disciplina bíblica mal llevada. Y no tengo el poder de leer la mente de la gente, pero estoy seguro de que en este preciso instante están recordando algo que pasó en aquella iglesita. ¿Cuáles serían los propósitos —o, mejor dicho, los motivos— por los cuales deberíamos comenzar un proceso de disciplina bíblica?
Sugel Michelén: Okey, vamos a los motivos y luego a los propósitos, porque ambas cosas son importantes. Gracias por traer ese tema.
Primero, en Mateo 18 vemos claramente que un pecado impenitente, un pecado no arrepentido, no importa cuál sea el pecado… Porque a veces pensamos: bueno, la disciplina tiene que ser para un adúltero. No, no, no. Cualquier pecado no arrepentido endurece el corazón. Hebreos, capítulo 3, versículos 12 y 13: «Antes exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: “Hoy”; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado».
A la luz de Mateo 18, dice: «Si tu hermano peca…» —él, contra ti; bueno, puede ser contra ti, puede que no sea contra ti—, pero si tu hermano peca, «ve y repréndelo a solas». Fíjate que ahí no dice: si tu hermano adultera, si tu hermano roba.
Alejandro Molero: Sí, sí.
Sugel Michelén: No, no: si tu hermano peca.
Alejandro Molero: Claro.
Sugel Michelén: Tú vas y lo amonestas. No te escucha, es decir, sigue sin arrepentirse: ve con dos o tres. No te escucha: dilo a la iglesia.
Alejandro Molero: Sí, pero en el medio dice: «Si te escucha, has ganado a tu hermano».
Sugel Michelén: «Has ganado a tu hermano».
Alejandro Molero: Hasta ahí llega, con la menor cantidad de involucrados posible.
Sugel Michelén: Ya, no importa. ¿Tú sabes la cantidad de casos que nosotros tratamos en la oficina que eso nunca llega a la iglesia, por la sencilla razón de que hay un verdadero arrepentimiento, hay muestras de un verdadero…?
Alejandro Molero: ¡Y gloria a Dios!
Sugel Michelén: …arrepentimiento. Ya se acabó el cuento ahí. O sea, ya, eso es lo que se quería.
Alejandro Molero: Claro.
Sugel Michelén: Entonces, pecados no arrepentidos, cualquiera que sea.
Tito 3 dice: «Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo» (Tito 3:10). Puede ser plausible de una disciplina y aun de una excomunión, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo. Primera de Corintios 3 dice: «Si alguno destruye el templo de Dios» —y está hablando de la iglesia—, «Dios lo destruirá a él» (1 Corintios 3:17). Entonces, el sacar a esa persona divisiva de la iglesia puede ser parte.
Ahora, divisiva, hay que aclarar esto. Divisiva no significa que, en cuanto a que van a comprar unas sillas y el hermano no está de acuerdo con el pastor o tiene otra opinión, ya es divisivo. No, aquí no estamos hablando de eso. Aquí estamos hablando de una persona que está dividiendo el cuerpo, ya sea en asuntos de doctrina —mayormente en asuntos de doctrina—, o que está sembrando cizaña dentro de la iglesia, rebelión contra la autoridad o entre los hermanos entre sí.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: O sea, Tito 3:10 te dice claramente que tú puedes disciplinar por causa de eso.
Alejandro Molero: Y sacarlo de la iglesia no significa sacarlo del culto, del servicio, sino sacarlo de la membresía.
Sugel Michelén: De la membresía.
Alejandro Molero: Sí. Y eso no es una prerrogativa pastoral, sino una iniciativa pastoral que debe contar con la aprobación de la congregación en pleno.
Sugel Michelén: Según Romanos 16, versículo 17, creo, dice: «Les ruego, hermanos, que vigilen a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que ustedes aprendieron, y que se aparten de ellos». La falsa doctrina, la herejía, es una causa de disciplina y de excomunión.
Alejandro Molero: Siempre y cuando no se arrepienta. Porque si se arrepiente, hasta ahí llegó el cuento.
Sugel Michelén: Hasta ahí llegó la historia.
Alejandro Molero: Sí, sí. Entonces, pudiéramos decir que el pecado por el cual normalmente se comienza un proceso de disciplina es por la falta de arrepentimiento. Porque cualquier pecado que se confiesa y del que uno se arrepiente, la persona se aparta de ese pecado, entonces es perdonable dentro de la iglesia.
Sugel Michelén: Totalmente.
Alejandro Molero: Nosotros pudiéramos, por supuesto, enfrentar consecuencias, quizás separación de un cargo en caso de que haya sido un oficial o un empleado de la iglesia, pero es perdonable si la persona se aparta. Ahora, si hay falta de arrepentimiento como un agravante de ese pecado, y debe ser un pecado que sea, por supuesto, evidente, que sea público, que sea… No quiero crear divisiones de gravedad, pero que sea un pecado grave, un pecado por el cual… No, no fue: «Mira, hay egoísmo en tu corazón, y es mi opinión contra la tuya». No, es un pecado evidente.
Sugel Michelén: No, y hay pecados que son escandalosos.
Alejandro Molero: Escandalosos.
Sugel Michelén: Que afectan, impactan la santidad del cuerpo de Cristo de una manera más directa. Lo vemos claramente en Primera de Corintios 5, cuando Pablo habla de un caso terrible donde un individuo se estaba acostando con la esposa de su papá, o sea, con su madrastra. Y Pablo dice: saca a ese perverso de ahí.
Alejandro Molero: Claro.
Sugel Michelén: Pero, como tú dices, en Segunda de Corintios 2 habla de la restauración de un hermano que ha pecado. Algunos creen que se trata del hombre de Primera de Corintios 5. La verdad es que no lo sabemos con certeza; sí sabemos que es alguien que pecó. Pero lo importante de ese pasaje es cómo Pablo trata el problema, porque Pablo le dice a estos hermanos: «Es suficiente para tal persona este castigo que le fue impuesto por la mayoría» (2 Corintios 2:6).
Alejandro Molero: ¿Por quién?
Sugel Michelén: La mayoría. ¿La mayoría de quién? Obviamente, de los miembros. Otras veces…
Alejandro Molero: No sería de la ciudad de Corinto, la municipalidad. [risas]
Sugel Michelén: No. Ese texto evidentemente presupone la membresía de la iglesia. Membresía y disciplina van de la mano.
Alejandro Molero: Un combo.
Sugel Michelén: No se puede disciplinar al que no es miembro.
Sugel Michelén: Entonces, por la mayoría. «Así que, por el contrario, ustedes más bien debieran perdonarlo y consolarlo, no sea que en alguna manera este sea abrumado por tanta tristeza» (2 Corintios 2:7).
Sugel Michelén: Y más adelante dice: «Pues no ignoramos sus planes», los de Satanás (2 Corintios 2:11).
Sugel Michelén: En otras palabras, cuando la iglesia no aplica la disciplina en una forma amorosa y está buscando la restauración del que ha pecado, y cuando el individuo ya ha dado muestras de sobra de que está arrepentido…
Sugel Michelén: …y la iglesia sigue tratándolo con mano dura, porque «aquí guardamos la santidad», le estamos dando lugar al diablo.
Alejandro Molero: Sí, señor. Sí, señor. Entonces, ¿cuáles serían los propósitos de ejercer la disciplina eclesial? Estamos claros en que debe ser de manera amorosa y con la intención de restaurar. Pero ¿hay algunos propósitos por los cuales la iglesia debe permanentemente vigilar los procesos disciplinarios? ¿Y para qué?
Sugel Michelén: Okey. En primer lugar, restaurar al hermano.
Sugel Michelén: Mateo 18: «Has ganado a tu hermano». Gálatas, capítulo 6: «Ustedes que son espirituales» —6:1—, «restáurenlo». O sea, que el primer propósito de la disciplina es restaurar al hermano que ha pecado. En segundo lugar, advertir o instruir a los demás creyentes.
Alejandro Molero: Ah, okey. Al resto del cuerpo.
Sugel Michelén: Porque cuando un hermano es amonestado públicamente, ¿qué dice Primera de Timoteo, capítulo 5? Dice: «Para que los demás también tengan temor» (1 Timoteo 5:20).
Alejandro Molero: Tengan temor.
Sugel Michelén: Uno dice: uy, el pecado es serio, aquí no se juega con el pecado, el pecado tiene consecuencias. Entonces, el aplicar la disciplina protege a la iglesia en ese sentido.
Alejandro Molero: Sí, sí.
Sugel Michelén: Tercero, proteger la pureza de la iglesia.
Sugel Michelén: «Un poco de levadura», dice 1 de Corintios 5…
Alejandro Molero: «…fermenta toda la masa».
Sugel Michelén: «Fermenta toda la masa» (1 Corintios 5:6). Y está hablando en el contexto de la disciplina. Pablo dice claramente en ese mismo pasaje: ya yo les dije que se aparten, no de la gente del mundo, que es adúltera, fornicaria, avara, mentirosa.
Alejandro Molero: En ese caso, tendrían que salir del mundo.
Sugel Michelén: Habría que salir del mundo, dice Pablo. Interesante. Sino de aquellos que dicen ser cristianos, pero, sin embargo, tienen esta conducta.
Alejandro Molero: No lo son.
Sugel Michelén: Entonces, proteger la pureza de la iglesia. Cuarto, cuidar el testimonio del evangelio.
Alejandro Molero: En la ciudad.
Sugel Michelén: Cuidar el testimonio del evangelio. «Ustedes son la sal de la tierra», «ustedes son la luz del mundo» (Mateo 5:13-14). Pero ¿cómo puedo yo mostrarme ante la sociedad como sal y luz si hay tinieblas adentro con las que la iglesia no trata? Y todo el mundo sabe que hay un miembro en pecado, pero tal vez es alguien…
Alejandro Molero: Influyente.
Sugel Michelén: …influyente.
Alejandro Molero: Poderoso.
Sugel Michelén: Tal vez…
Alejandro Molero: Familia de…
Sugel Michelén: Familia del pastor, ofrenda mucho dinero y, si se molesta, se va a ir. Entonces, mire, yo no sé cuántas veces nosotros hemos tenido personas que han dicho: «Si me ponen en disciplina pública, yo me voy de la iglesia».
Alejandro Molero: Ay, no ofrendo más.
Sugel Michelén: «Y me voy». Y uno le dice: «Hermano, mira, nosotros no queremos que te vayas; lo que queremos es cuidarte».
Alejandro Molero: Mmm.
Sugel Michelén: La persona se va, luego, obviamente, es excomulgada. Y tengo un caso particular, concreto, donde la persona vuelve a la iglesia arrepentida.
Alejandro Molero: Qué bueno.
Sugel Michelén: Y nos dice: «¿Saben qué fue lo que Dios usó para traerme a Cristo de vuelta? La disciplina de la iglesia».
Alejandro Molero: Oramos por muchos más de esos casos.
Sugel Michelén: Créanle a Cristo.
Alejandro Molero: Sí, señor.
Sugel Michelén: Que Cristo dice que la disciplina es lo que va a obrar eso en la vida del creyente. Y, por último, glorificar a Dios reflejando su santidad.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Glorificar a Dios reflejando su santidad.
Alejandro Molero: ¿Cómo es eso? ¿Me puede abundar un poco en eso, por favor?
Sugel Michelén: Bueno, Dios es santo, Dios es puro, Dios es justo. Cuando se aplica la disciplina correctiva, el carácter de Dios está siendo evidenciado a través de la iglesia. Así que, fíjate…
Alejandro Molero: Si no, deberíamos permitir la permanencia del pecado dentro de la membresía, dentro de la congregación.
Sugel Michelén: No estamos imitando a Dios.
Alejandro Molero: Mmm. Sí.
Sugel Michelén: Entonces, vamos a ponerlo a la inversa.
Sugel Michelén: ¿Qué pasa cuando una iglesia no aplica la disciplina? Bueno, lo que pasa es que no está restaurando al hermano que ha pecado, sino que lo está dejando a que se destruya, endureciéndose cada vez más. Y alguien puede decir: «Bueno, pero ustedes nos dicen que la salvación no se pierde». Bueno, no se pierde para el que la tiene.
Sugel Michelén: El asunto es que yo no puedo asumir que todo el mundo que está allí, que profesa ser creyente, lo es. Y la disciplina correctiva es uno de los medios que Dios usa para evidenciar quiénes son creyentes y quiénes no.
Entonces, cuando yo no aplico la disciplina, no estoy restaurando al hermano que ha pecado, no estoy advirtiendo a los demás creyentes a que tengan cuidado con el pecado, no estoy protegiendo la pureza de la iglesia, no estoy cuidando el testimonio del evangelio en la comunidad en la que la iglesia está, y no estoy glorificando a Dios. Nada de eso está sucediendo cuando la disciplina no es aplicada.
Alejandro Molero: Ya, ya. Yo he leído varios libros respecto a la definición de lo que es una iglesia en la filosofía de los reformadores. Y ellos insisten en que siempre que haya la predicación eficaz, la predicación fiel de la Escritura, la correcta administración…
Sugel Michelén: …de los sacramentos…
Alejandro Molero: …de los sacramentos u ordenanzas bíblicas, y la presencia de la práctica de la disciplina restaurativa bíblica, allí hay una iglesia. Es decir, si no existe la disciplina bíblica, no estamos en presencia de una iglesia. ¿Qué concepto pudiéramos tener de la ausencia de la intención de disciplinar restaurativa y correctivamente en la mayoría de nuestras iglesias?
Sugel Michelén: Estamos distorsionando a Cristo, porque Cristo está lleno de gracia y de verdad.
Sugel Michelén: Entonces, cuando estamos llenos de gracia, aparentemente, pero no de verdad, entonces, ¿qué Cristo es ese? Ese no es el Cristo de la Biblia; lo estamos mal representando.
Sugel Michelén: Por eso es que este tema es tan serio.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Es… La disciplina es una de las marcas fundamentales de que una iglesia realmente está siendo fiel a Jesús.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Y que Jesús es el Señor y es la cabeza de la Iglesia.
Alejandro Molero: Sin duda, sin duda. Pero es verdad, Sugel, coincido contigo al trescientos por ciento. Pero conocemos de muchos casos donde la disciplina bíblica ha sido mal practicada, ha sido incluso abuso de liderazgo; algunas veces, imposiciones unilaterales de alguno o varios pastores, donde apuntan todo el arsenal de la autoridad contra una persona que, culpable o inocente…
Alejandro Molero: …ahora la satanizan, la expulsan de manera unilateral. Y permíteme preguntar al punto: si queremos ser fieles a los procedimientos de Mateo 18:15 al 17, y si queremos ser fieles también a la velocidad expedita del procedimiento en Primera de Corintios 5, ¿quién y cómo debe participar en los procesos disciplinarios de la iglesia?
Sugel Michelén: Los pastores y la iglesia.
Alejandro Molero: ¿Cómo es?
Sugel Michelén: Okey. Cuando una persona es llevada delante de la iglesia porque ha pecado, lo que le estamos diciendo a la iglesia es: hermanos, ahora necesitamos que ustedes como cuerpo, nosotros como cuerpo, oremos por este hermano y ayudemos a este hermano; que vengan a él, lo amonesten, lo animen, lo exhorten a volver a ser fiel a Jesús, a que se arrepienta de su pecado. Y la iglesia, como un cuerpo, se está involucrando.
Sugel Michelén: Y si la persona no se atempera y sigue en un estado impenitente, entonces «tenlo por gentil y recaudador de impuestos» (Mateo 18:17). Pero fíjate, aquí es donde estamos: el «si no oye a la iglesia».
Sugel Michelén: O sea, la iglesia tiene que hablar, la iglesia tiene que venir delante de este hermano, tiene que ayudarlo. «Ustedes que son espirituales»… Yo sé que hemos citado mucho Gálatas 6, pero es que es un texto clave: «Ustedes que son espirituales, restáurenlo». Ustedes juntos. ¿Qué leíamos en Primera de Tesalonicenses 5:14? «Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles». La iglesia lo hace.
Sugel Michelén: Pero si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y recaudador de impuestos. Y lo que hacemos en ese caso es que los pastores vamos delante de la iglesia y decimos: hermanos, esta persona ya fue traída delante de la iglesia, no escucha ni a los pastores ni a la iglesia, y nosotros ahora, como pastores, estamos proponiendo que esta persona sea excomulgada.
Sugel Michelén: Y la iglesia tiene que votar.
Alejandro Molero: Mhm. Entonces, sería…
Sugel Michelén: Públicamente.
Alejandro Molero: …de manera que, al final de la historia, es la iglesia la que disciplina o expulsa, excomulga a la persona. Pero estamos, tristemente, cansados de oír testimonios de personas que han sido disciplinadas y dicen: el pastor tal la agarró contra mí, el pastor tal me sacó de la iglesia, él hizo todo esto de manera unilateral.
Sugel Michelén: Fíjate, Pablo es un apóstol.
Sugel Michelén: Y Pablo les dice a los corintios, dice: «En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando ustedes estén reunidos…». Esa frase es importante, porque recuerda que en 11:18, en la misma carta, dice: «cuando ustedes se reúnen como iglesia». O sea, que tenemos que asumir que Pablo está hablando allí de cuando ustedes se reúnan como iglesia: «y yo con ustedes en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entreguen a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor» (1 Corintios 5:4-5). Y luego Pablo añade: «La jactancia de ustedes no es buena» (1 Corintios 5:6).
Alejandro Molero: No es buena, sí.
Sugel Michelén: O sea que está hablando colectivamente.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: No es el pastor.
Alejandro Molero: No es el pastor.
Sugel Michelén: O los pastores.
Alejandro Molero: Que descarga la pistola pastoral contra una persona.
Sugel Michelén: No. Y, de hecho, cuando hay una pluralidad de pastores, eso ayuda, porque puede ser que un pastor se esté impacientando con una oveja.
Sugel Michelén: Y los demás lo moderen y le digan: fulano, todavía nosotros queremos seguir lidiando con esta oveja en privado, queremos ver hasta dónde llegamos. En pecados que no son escandalosos; yo estoy hablando de actitudes a veces pecaminosas.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Y hay pastores que se impacientan.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Nos impacientamos. Y otros dicen: vamos a lidiar con este hermano todavía un poco más.
Alejandro Molero: Sí, no, no. Y en algún episodio posterior tendremos que tratar el tema de quién disciplina a los pastores, o quién disciplina a un pastor que está pecando, que es un tema todavía más espinoso. Pero no se preocupen: comenten, si quieren, a ver si quieren ese episodio. [risas]
Sugel Michelén: Bueno.
Alejandro Molero: Para ir cerrando, hermano, hace rato mencionaste que no se puede disciplinar a los que no son miembros, y no se puede incluir a los que no estén dispuestos a ser disciplinados. Es decir, esto de membresía y disciplina es un combo, es un avión de dos alas que no se pueden separar. ¿Cuáles serían los peligros de tener un sistema de membresía donde no hay disciplina, o de tener un sistema de disciplina donde no hay membresía, donde no hay compromiso? Porque no vaya a ser que alguien nos esté escuchando ahora mismo y diga: ahora yo voy a imponer un sistema de disciplina en mi iglesia, pero no hay compromiso de membresía. ¿Cuáles serían las consecuencias de tener lo uno sin lo otro?
Sugel Michelén: No, es que no es simplemente que hay consecuencias: es que es imposible.
Sugel Michelén: Yo no puedo, si voy a ser bíblico, practicar la disciplina con personas que no son miembros. Yo tengo primero que tener una membresía ordenada…
Sugel Michelén: …y saber quiénes pertenecen y quiénes no.
Alejandro Molero: Ya.
Sugel Michelén: Porque la disciplina solo se aplica a los que pertenecen, a los que están dentro.
Alejandro Molero: Ya.
Sugel Michelén: Así que no puede haber disciplina sin membresía. Pero, por otro lado, no puede haber membresía sin disciplina. ¿Por qué razón? Por lo mismo que decíamos hace un momento: yo me estoy comprometiendo con una iglesia local para que esa iglesia local avale mi profesión de fe, a la vez que yo también estoy avalando la profesión de fe de los demás. Pero ¿cómo una iglesia puede avalar mi profesión de fe si yo peco y no pasa nada? Yo estoy diciendo: ¿saben qué?, en el evangelio la santidad no importa tanto.
Alejandro Molero: Es opcional.
Sugel Michelén: La santidad es opcional.
Alejandro Molero: Sí, sí, sí.
Sugel Michelén: Eso no importa. Si tú no eres como Cristo, y si te comportas de otra forma, no hay problema.
Alejandro Molero: Que nadie me va a decir nada.
Sugel Michelén: Pero es importante añadir que la disciplina correctiva se debe practicar con lágrimas…
Sugel Michelén: …con humildad…con amor. Es…
Alejandro Molero: Con paciencia.
Sugel Michelén: Debe ser evidente que me duele tener que hacer esto. Me duele. No es: yo estoy aquí con una espada vengativa…
Sugel Michelén: …viendo a ver a quién le corto la cabeza.
Sugel Michelén: Porque eso no es un pastor. Y, de hecho, en Jeremías 23 se habla de esos pastores que se ensañan contra las ovejas y las tratan con dureza.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Y la disciplina eclesiástica es uno de los momentos más peligrosos… para mostrar ese ensañamiento.
Alejandro Molero: Sí, sí.
Sugel Michelén: Y hay que tener mucho cuidado.
Alejandro Molero: Sí, sí, sí. Yo, cuando hablabas de Gálatas 6, el texto es claro, dice: considerando que tú también puedes llegar a estar en esa condición. Pero también es verdad que quienes ejercen la disciplina bíblica con amor, con fines restaurativos, es porque posiblemente han estado en esa situación ya en el pasado. Así que uno trata de ejercer la disciplina bíblica, restaurativa y correctiva, porque uno quisiera también ser tratado así el día que nos toque.
Alejandro Molero: Así que, para ir concluyendo, antes de tus palabras finales, podemos recomendar el libro anaranjado de Jonathan Leeman acerca de la disciplina eclesial. Muchos artículos, muchos recursos, en la página es.9marks.org. Antes de terminar, Sugel, ¿cuáles son tus palabras finales en este tema?
Sugel Michelén: Mira, Dios es santo, Cristo es santo —obviamente, porque Cristo es Dios—. La Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, debe ser un cuerpo santo.
Sugel Michelén: Pero nosotros estamos de este lado de la eternidad, el pecado todavía mora en nosotros…
Sugel Michelén: …y debemos estar formando a los hermanos, discipulándolos bíblicamente, para que puedan seguir creciendo en santidad. Y hay momentos en los que, definitivamente, la disciplina correctiva tiene que ser aplicada.
Alejandro Molero: Sí.
Sugel Michelén: Porque es la única forma en que nosotros vamos a poder representar adecuadamente a Cristo aquí en la tierra.
Alejandro Molero: Sí, señor.
Sugel Michelén: Entonces, una iglesia saludable tiene necesariamente —estoy utilizando mis palabras—, tiene necesariamente que practicar la disciplina.
Alejandro Molero: Ya.
Sugel Michelén: Tal como el Nuevo Testamento lo enseña. Porque Jesucristo es el Señor y él lo ordena. Y, como tú decías hace un momento, ¿qué distingue a una iglesia verdadera de una que no lo es?
Sugel Michelén: La iglesia verdadera predica la Palabra; la iglesia verdadera practica los sacramentos u ordenanzas del Señor, bautismo y la Cena del Señor…
Sugel Michelén: …y aplica la disciplina correctiva y formativa. De lo contrario, no es una iglesia.
Alejandro Molero: No es una iglesia. Ya. Bueno, les dejamos con esta palabra del comentario MacArthur del Nuevo Testamento. Él dice acertadamente:
El anhelo de Dios para sus hijos aquí en la tierra es pureza de vida. Es imposible estudiar la Escritura atentamente y no estar abrumadoramente convencidos de que Dios quiere sobre todo que su pueblo sea santo, y que él se aflige por un pecado de cualquier tipo. Pedro, el apóstol, escribió la misma orden a la Iglesia de Cristo: «Sean santos, porque yo soy santo». Así que, debido a que Dios está tan preocupado por la santidad de sus hijos, ellos deben estar igualmente preocupados. La Iglesia no puede enseñar y predicar un mensaje que no vive y tener toda integridad ante Dios, o incluso delante del mundo.
Que el Señor nos ayude a cada vez más reflejar desde nuestras iglesias el carácter santo de nuestro gran…
Sugel Michelén: Amén.
Alejandro Molero: …Dios y Señor Jesucristo.
Sugel Michelén: Amén.
Alejandro Molero: El Señor les bendiga.
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