🎤 Entre Pastores
Episodio 7: Cantamos por la misma razón por la que predicamos
Sugel Michelén y Alejandro Molero explican por qué los pastores son responsables de lo que la iglesia canta, por qué la congregación —y no el grupo de alabanza— es el coro, y por qué el culto solo debe incluir lo que Cristo, el dueño de la casa, ordena.
Alejandro Molero: Muy buenos días, buenas tardes, buenas noches. El Señor les bendiga. Bienvenidos a un episodio más de Entre Pastores. Este es un pódcast traído a ustedes por 9Marcas. 9Marcas existe para ayudar a los líderes a edificar iglesias saludables. Les habla su servidor, Alejandro Molero, y nos acompaña, como siempre, el hermano…
Sugel Michelén: …Sugel Michelén, de República Dominicana, pero ahora en Washington D. C.
Alejandro Molero: Bueno, es una alegría que vuelvas a estar aquí, hermano, y es una bendición poder servir al Señor junto a ustedes.
Hoy tenemos un tema muy interesante, así que esperamos que sea de bendición también para cada uno de los oyentes. Puedan oírlo en su totalidad, pero también lo comenten y lo compartan. Es acerca de la adoración congregacional. Hablemos un poco de lo que ocurre en la vida de la iglesia mientras estamos reunidos.
Por qué una iglesia debería revisar lo que canta
Alejandro Molero: Como iglesia siempre nos reunimos al menos una vez a la semana y tenemos por costumbre ser edificados con la Palabra, cantar muchísimo, orar juntos, edificarnos mutuamente para animarnos a la fe y a las buenas obras. Así que vamos a empezar preguntándonos, porque mayormente lo que hacemos es cantar y predicar: ¿cuáles serían las razones por las que una iglesia debería revisar lo que canta? ¿Cuáles son los motivos por los cuales una iglesia debería vivir una doxología, una vida de adoración vibrante al Señor?
Sugel Michelén: Bueno, la salvación es algo tan grande que Dios, que nos hizo a su imagen y semejanza y nos dio una mente para pensar, pero también sentimientos, un aparato emocional para sentir, quiere que nosotros respondamos a su revelación y a lo que él ha hecho por nosotros de pura gracia, solo por Cristo. Debemos irrumpir en alabanzas a él.
Entonces, la adoración corporativa en la iglesia no es solo la alabanza, pero es indudable que, en el momento en que nosotros estamos cantando al Señor, estamos derramando nuestro corazón en una forma, en un formato —que es la canción o el himno—, que va más allá de lo que iría la prosa. El canto tiene una capacidad de mover las emociones, pero también de ayudar al intelecto a fijar verdades bíblicas. Es por eso que una iglesia que tenga una sana predicación, pero que tenga una mala teología cantada, va a impactar negativamente a sus miembros. O sea, lo que cantan va a impactar más que lo que se predica.
Alejandro Molero: Seguro, seguro.
Sugel Michelén: Por eso es tan importante que los pastores sean los responsables de lo que se canta en la iglesia. Nosotros somos responsables, porque el canto enseña.
Alejandro Molero: Alguien dijo que, si quieres saber lo que la iglesia cree, oye lo que canta.
Colosenses 3:16: cantamos para lo mismo que Pablo predicaba
Sugel Michelén: Fíjate en algo, Alejandro. Me imagino que, a la hora de pensar en el canto en la iglesia, a todo el mundo le vienen a la mente dos textos. Uno es Efesios 5, cuando se habla de la llenura del Espíritu, y el otro es Colosenses 3, cuando se habla de la llenura de la Palabra.
Ahora, voy a ir al texto de Colosenses 3, porque quiero que veamos algo sumamente importante. Colosenses 3:16 dice: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones» (Colosenses 3:16). Okey. Uno, Alejandro: ¿cantamos para Dios o cantamos para edificar a los hermanos?
Alejandro Molero: Para Dios.
Sugel Michelén: No para edificar a los hermanos.
Alejandro Molero: También. [ríe]
Sugel Michelén: Yo creo que la respuesta es…
Alejandro Molero: También, sí.
Sugel Michelén: ¿Cantamos para Dios o para edificar a los hermanos? Sí.
Alejandro Molero: Las dos. [ríe]
Sugel Michelén: Sí, porque dice claramente que nosotros cantamos con gracia en nuestros corazones al Señor. Pero ¿qué dice también? Dice «entre ustedes», que la palabra de Cristo habite en abundancia «con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos…». Luego me gustaría ir a esas categorías que usa Pablo.
Pero fíjate lo importante de ver el texto en su contexto. En el capítulo 1 de Colosenses, Pablo habla de su ministerio, y dice que la meta de su ministerio es presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre: «Yo trabajo con la potencia que viene de él para presentar en Cristo maduro a todo hombre». Pero mira cómo lo hace. En el capítulo 1, versículo 28, dice: «A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo» (Colosenses 1:28). Pablo está hablando de lo que él proclama. ¿Y notaste que el lenguaje es casi idéntico…
Alejandro Molero: Sí, sí, sí.
Sugel Michelén: …a Colosenses 3?
Alejandro Molero: Sí, 3:16.
Sugel Michelén: ¿Qué quiere decir eso? Que la misma razón por la que Pablo predicaba es la misma razón por la que nosotros cantamos. El propósito que estamos persiguiendo al cantar es el mismo propósito que estamos persiguiendo al predicar.
Entonces, yo no entiendo, honestamente, cómo puede haber una iglesia que tenga un púlpito sólido, que no permita que ninguna persona se pare allí a predicar cosas que no están en la Biblia, pero que al mismo tiempo se descuide en lo que se canta, cantando himnos que son muy emotivos, pero que no llevan a que la palabra de Cristo habite abundantemente. En otras palabras, un himno no tiene que ser herético para que sea inapropiado.
Alejandro Molero: Claro, claro.
Sugel Michelén: El hecho de que no contenga en abundancia la palabra de Cristo ya lo hace inapropiado para el culto de adoración.
Qué himnos son apropiados para el culto
Alejandro Molero: Claro. Pudiéramos abundar entonces en ese detalle de cuáles sí y cuáles no serían las canciones, y qué características tendrían las canciones que deberíamos cantar en un servicio o un culto congregacional, cuando la iglesia está reunida como iglesia.
Sugel Michelén: Mira, si un himno se puede cantar en una iglesia católica y los católicos no van a tener ningún problema…
Alejandro Molero: [risas]
Sugel Michelén: …es inapropiado.
Alejandro Molero: Es inapropiado.
Sugel Michelén: Tú no puedes cantar, por ejemplo, «Sublime gracia del Señor». Y yo sé que la cantan en la iglesia católica, pero es porque son inconsistentes.
«Roca de la eternidad, fuiste abierta tú por mí. Sé mi escondedero fiel, solo encuentro paz en ti. Rico, limpio manantial en el cual lavado fui». Ahora escucha: «Aunque sea siempre fiel, aunque llore sin cesar, del pecado no podré justificación lograr. Solo en ti teniendo fe, deuda tal podré pagar». Ese himno no se puede cantar en una iglesia católica romana.
Alejandro Molero: No, no.
Sugel Michelén: Porque anuncia el evangelio con precisión. Y ese es el tipo de himnos que ayudan a la iglesia para que la palabra de Cristo habite abundantemente en nosotros.
Alejandro Molero: Ya. O sea, tienen que ser canciones ricas en Biblia, tienen que ser canciones que exalten la gloria de Cristo. Tienen que ser canciones que se puedan cantar algunas en tono mayor, algunas en tono menor. Tienen que ser canciones que hablen más de Cristo, o de cualquiera de las tres personas de la Trinidad, pero que también animen a los creyentes de manera horizontal y exalten al Señor de manera vertical. Pudiéramos decir que estas canciones no necesariamente son para cantar de manera colectiva exclusivamente, pero sí pudiéramos decir que las canciones devocionales pertenecen a mi vida privada, a mi lugar privado con el Señor. Y no necesariamente tienen que ser canciones modernas, movidas, o canciones que sean de ritmos bailables, o el formato. Incluso hay gente que dice: «No, que esos son himnos tradicionales» o «que son coros modernos». Pudiéramos hablar de eso un poco, porque seguramente habrá iglesias entre nuestros oyentes que se debaten entre qué cantar, cuál es la audiencia para la que cantamos.
Sugel Michelén: Uy, tú me has hecho ahí como quince preguntas, más o menos.
Alejandro Molero: [risas]
Sugel Michelén: Déjame ver cómo podemos ir punto por punto. Pero mira, uno: las categorías que Pablo menciona en Colosenses 3:16 son salmos, himnos y canciones espirituales. Ahora, la gente se debate mucho en qué son estas tres cosas. ¿Sabes lo simple que es ir a los Salmos? Tú vas a ver que hay salmos que dicen «salmos», otros que dicen «himnos» y otros que dicen «canciones espirituales». Entonces, yo creo que Pablo, que era un judío educado en el Antiguo Testamento, está haciendo referencia a los Salmos.
Yo no estoy diciendo con eso que en la iglesia solo se deben cantar salmos. Lo que estoy diciendo es que los Salmos son un buen parámetro, son una buena medida, porque las tres categorías que Pablo menciona allí son de los Salmos. O sea, algunos dicen: «Las canciones espirituales son canciones que son extemporáneas y que…». No, no, no, no. Son los Salmos. Y Pablo está haciendo referencia a lo que era el himnario de un israelita…
Alejandro Molero: Normal.
Sugel Michelén: …normal en el Antiguo Testamento y seguramente en el primer siglo, en lo que se componían más himnos. De hecho, hay algunos pasajes del Nuevo Testamento que se cree que son himnos, como Filipenses, capítulo 2, o el mismo Colosenses, capítulo 1.
Alejandro Molero: Sí, o el final de Romanos 11.
Sugel Michelén: Exacto. Pero el punto mío es: ¿qué características tienen los Salmos? Son teocéntricos, pero al mismo tiempo contemplan toda la gama de lo que es la vida cristiana, y te dan la perspectiva bíblica de cómo enfrentar cada una de esas cosas.
Es como cantar el himno «Estoy bien con mi Dios» en un momento de mucha aflicción. Sin embargo, ¿qué dice el himno? O sea, yo estoy bien con mi Dios, aunque el alma la tenga partida en mil pedazos, porque mis pecados ya fueron perdonados en la cruz. O como dice el himno en inglés: «My sins, not in part». No en parte: yo no fui perdonado en parte. Todos mis pecados fueron clavados en la cruz y por esa razón yo tengo paz con mi Dios. Entonces, es un himno que toma tu aflicción y tu dolor y los pone dentro del marco de una categoría teológica correcta.
A quién cantamos: Dios es la audiencia y Cristo canta con nosotros
Alejandro Molero: Respecto a la audiencia: ¿a quién le cantamos como iglesia cuando estamos reunidos como congregación?
Sugel Michelén: Mira, nosotros nos congregamos para ser edificados y, obviamente, principalmente para adorar a Dios. Dios es la audiencia primaria de lo que cantamos y de lo que predicamos. Sin embargo, al mismo tiempo, lo cierto es que el mismo Dios al que yo estoy cantando quiere que los himnos que se cantan y lo que se predica sea de edificación para los hermanos.
Alejandro Molero: Correcto.
Sugel Michelén: Es lo que vimos en Colosenses. Proclamamos a Cristo porque queremos presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. Cantamos porque queremos que la palabra de Cristo habite abundantemente en los hermanos. Así que yo le estoy cantando a Dios, pero también estoy cantando con la conciencia de que yo no estoy solo en la iglesia. Yo no voy a la iglesia a tener una catarsis emocional mientras canto un himno que me hace sentir de tal o cual manera. No, yo voy a la iglesia a adorar a Dios, porque al hacerlo estoy edificando a mis hermanos. O sea, vertical y horizontal.
¿Y sabes, Alejandro, lo que a mí más me vuela la cabeza —por decirlo en un lenguaje muy llano— con respecto a este tema? Uno: que nosotros cantamos porque Dios canta.
Alejandro Molero: Sí, señor. Sofonías 3:17.
Sugel Michelén: Dios es un Dios que canta (Sofonías 3:17), y nosotros estamos hechos a su imagen. Cristo cantó antes de ir a la cruz.
Alejandro Molero: Luego de la cena, antes del jardín.
Sugel Michelén: Okey, pero me voy a ir más lejos. Cuando nosotros nos congregamos a adorar, Cristo se hace presente en medio del pueblo de Dios congregado y él canta himnos con nosotros. ¿Cómo lo sabemos? En Hebreos, capítulo 2, versículo 11, dice que Cristo no se avergüenza de llamarnos hermanos. Y entonces cita la palabra de un salmo y la pone en la boca de Jesús: «Anunciaré Tu nombre a Mis hermanos, en medio de la congregación Te cantaré himnos» (Hebreos 2:12). Cristo se une a nosotros cuando estamos cantando himnos a Dios.
Alejandro Molero: Qué lindo eso.
Sugel Michelén: Sorprendente. Eso hace del canto algo muy diferente a «venimos a tener un buen momento de diversión, de entretenimiento» o «a mí me gusta cómo yo me siento cuando yo adoro». Yo, yo, yo… ¡No! ¿Qué tipo de himnos quisiera Cristo cantar en medio nuestro? Seguramente aquellos que están llenos de su Palabra.
Alejandro Molero: Claro, exactamente.
Sugel Michelén: Seguramente aquellos que exaltan a Dios. Entonces, eso es lo que tenemos que tener en mente.
Ahora, cantamos también porque Dios lo manda. En los Salmos hay como cincuenta mandamientos a cantar. Y no es en balde. Pablo dice que toda persona llena del Espíritu Santo lo manifestará cantando, y toda persona llena de la Palabra lo manifestará cantando.
Alejandro Molero: El Salmo 150 está lleno de eso: «Todo lo que respira alabe al SEÑOR» (Salmo 150:6).
La iglesia no es un espectáculo: el coro es la congregación
Alejandro Molero: Y vemos que las iglesias mayormente son buenas cantando. Hay iglesias cuya banda de adoración es mucho más famosa que su banda de predicadores [ríe]. Vemos que las iglesias tienen una instrumentación increíble. Vemos que tienen hasta profesionales cantando. Yo creo que el problema no es si cantan o no cantan. Pudiéramos conversar un poco acerca de por qué cantan y qué cantan. Pudiéramos pensar, por ejemplo, en que hay iglesias muy conocidas que lo que hacen es un concierto dominical.
Sugel Michelén: Y eso es un tremendo problema, pero un gran problema.
Alejandro Molero: ¿Por qué?
Sugel Michelén: Porque nosotros somos el coro de sacerdotes redimidos por la sangre que estamos cantando. El coro somos nosotros. Las personas que están allí delante simplemente nos están ayudando con sus voces —como si la voz fuera un instrumento—, nos están ayudando para que nosotros cantemos. Pero yo he estado en iglesias donde la gente es mero observador de lo que está haciendo el grupo de alabanza.
Alejandro Molero: Es un espectador.
Sugel Michelén: Entonces, eso está matando —y estoy usando la palabra porque es así—, está matando la adoración en la iglesia. Somos nosotros los que tenemos que cantar y ellos nos están ayudando a hacerlo.
De hecho, si según Colosenses 3:16 nosotros cantamos para enseñar a todo hombre y amonestar a todo hombre en toda sabiduría, eso es parte de nuestro propósito al cantar. ¿Qué pasa, Alejandro, cuando la música está tan alta que no deja oír ni siquiera al que está al lado? Yo creo que eso viola Colosenses 3:16. Fíjate, hasta el siglo XX todas las iglesias cantaban sin tener micrófonos. Por lo tanto, no importaba qué tan alto tocaran los instrumentistas…
Alejandro Molero: El órgano [ríe].
Sugel Michelén: …nunca iban a sobrepasar la voz de los creyentes. Tan pronto la voz de los creyentes está por debajo de la instrumentación, ahí hay un problema teológico serio que debe ser corregido. Y de verdad, yo he estado en iglesias donde los decibeles de la batería, de la guitarra eléctrica… Y fíjate, yo no estoy hablando aquí de si es correcto o no usar esos instrumentos. No estoy hablando de eso.
Alejandro Molero: Ese es un episodio aparte [ríe].
Sugel Michelén: Exacto. Lo que estoy diciendo es que, si los decibeles de esos instrumentos están tan altos… Mira, Alejandro, a mí me gusta cantar. Todo el que me conoce sabe que yo canto, y canto a todo pulmón. Dios me ha dado una trompeta para cantar. Yo canto alto. Y yo he estado en una iglesia donde yo no me oigo por el sonido de la batería o de la guitarra eléctrica. Ahí hay un problema, porque el canto ya perdió su razón de ser. La iglesia no es un espectáculo.
Alejandro Molero: No es un concierto dominical, no es un show de performance, no es una actuación de los que están enfrente. La iglesia no debe ser una mera espectadora. La iglesia debe ser la protagonista de un canto congregacional a la audiencia de uno, en este caso el Señor.
Sugel Michelén: Me voy a ir más lejos. Hay himnos que son tan excelentes que no se deben cantar en la iglesia.
Alejandro Molero: ¿Cómo es? [ambos ríen] Eso es contradictorio.
Sugel Michelén: Parece contradictorio, ¿verdad? Uno, porque solamente los pueden cantar profesionales. Te voy a dar un ejemplo. ¿Quién en su sano juicio criticaría el Mesías de Händel?
Alejandro Molero: Nadie. Es una pieza de arte.
Sugel Michelén: En una ocasión —en República Dominicana se maneja muy mal [risas]— yo estaba en medio de un aguacero y el embotellamiento, el entaponamiento, no sé cómo le llaman en otros países…
Alejandro Molero: Tráfico.
Sugel Michelén: El tráfico era tan fuerte que yo pude escuchar el oratorio completo mientras llegaba a mi casa.
Alejandro Molero: Y esas son unas cuantas estrofas.
Sugel Michelén: Es como una hora lo que dura, más o menos. Mira, mi alma fue bendecida enormemente. Pero el oratorio del Mesías de Händel no se compuso para cantar congregacionalmente.
Alejandro Molero: Seguro, seguro.
Sugel Michelén: Entonces, fíjate, ahí hay una excelencia que es tan excelente que no se puede usar en la iglesia. A eso es a lo que me refiero.
Alejandro Molero: Sí. Seguramente eso fue diseñado para que lo cantara un orfeón, un coro, un grupo de profesionales.
Sugel Michelén: Un coro. Hay himnos que tiene que cantar un tenor, porque suben tan alto que ningún miembro con un rango vocal normal va a llegar ahí. Entonces, no se pueden cantar. A mí me encanta lo que dice este hermano Getty… se me fue el nombre.
Alejandro Molero: Keith.
Sugel Michelén: Keith Getty, ajá. Él dice: «Nosotros componemos himnos que la gente pueda cantar sin instrumentalización. Porque, si no los pueden cantar sin instrumentos, eso quiere decir que no son aptos para cantarse en la iglesia. Y nosotros componemos himnos para la congregación». Tú puedes componer un himno para cantarlo tú solo con tu voz de tenor; no hay ningún problema. Pero no lleves eso a la iglesia, porque a la larga la iglesia se va a convertir en un espectáculo de observadores y de personas que están haciendo el performance allí delante.
Alejandro Molero: Eso no debe ocurrir. Nuestras iglesias deben cantar canciones que la mayoría de los hermanos puedan cantar. Los músicos deben buscar tonos que la mayoría pueda cantar. No deberíamos ir tan arriba en la escala ni tan abajo en la escala, de manera que haya un tono que la mayoría pueda cantar. Los contenidos, las letras, deben ser lo que importa en una canción, no solamente que tenga aquel buen solo de guitarra, o que el pianista pueda demostrar sus maneras, o que tenga una batería fuerte. No tenemos nada en contra de los instrumentos, pero coincido contigo en que, si los instrumentos están más fuertes que la voz, entonces hay que preferir las voces, las letras, lo que cantamos.
Los elementos del culto: solo lo que ordena el dueño de la casa
Alejandro Molero: Y pasando este punto, Sugel, yo creo que deberíamos pensar que la adoración congregacional no es solamente cantar. Es un gran porcentaje del servicio congregacional, pero ¿qué otros elementos debe incluir el servicio aparte de cantar?
Sugel Michelén: Okey. Nosotros hemos dicho que Cristo es la cabeza de la iglesia. Nadie cuestiona eso; ningún evangélico cuestionaría eso. Pablo dice en 1 Timoteo, capítulo 3: «Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto, pero en caso de que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad» (1 Timoteo 3:14-15). La iglesia es la casa de Dios y, por lo tanto, en esa casa solo se debe hacer lo que el dueño de la casa ordena.
Pregunta: según el Nuevo Testamento, ¿qué cosas ordena el dueño de la casa que debemos hacer a la hora de congregarnos? Bueno, nosotros debemos cantar la Palabra, leer la Palabra, orar la Palabra, predicar la Palabra. Debemos responder con gratitud a Dios con nuestras ofrendas y debemos celebrar las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor.
Alejandro Molero: Cierto.
Sugel Michelén: Fuera de eso, ya no hay nada más que hacer en la iglesia. Nada más. Con lo demás ya estamos metiendo elementos que Cristo, como cabeza de la iglesia, no garantiza.
Mira, en Colosenses, capítulo 2, versículo 23, Pablo critica a los colosenses porque, dice, ustedes están adorando con una adoración autoinventada. El texto, lamentablemente, la palabra griega, como se traduce al español, no corresponde exactamente, porque es una palabra difícil.
Alejandro Molero: Es «autoinventada».
Sugel Michelén: Dice: «Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana» (Colosenses 2:23). La verdad es que la palabra allí es «en una religión», «en una adoración voluntariosa». O sea, que el ser humano ha decidido introducir algo en el culto y decir: «Vamos a hacer eso», pero sin ninguna garantía bíblica.
Nosotros creemos en el principio regulativo de la adoración. Cristo es quien regula la adoración en su iglesia. Eso quiere decir, primero, que yo no debo estar inventando [ríe] con el culto.
Alejandro Molero: Claro, no hay por qué ser novedosos, ingeniosos…
Sugel Michelén: No. El orden —si tú cantas tres himnos y después cantas uno después de la prédica—, ya en eso el Nuevo Testamento sí nos da libertad, en el manejo de esos elementos y en el orden que vamos a usar.
Alejandro Molero: Ya. No nos dieron un programa del servicio.
Sugel Michelén: No, no es como en el Antiguo Testamento, que hasta la leña que se ponía en el altar tenía que estar organizada.
Alejandro Molero: La cantidad…
Sugel Michelén: No. En el Nuevo Testamento hay libertad en ese sentido. Pero eso también quiere decir que la predicación de la Palabra es el momento cúlmine de la adoración de la iglesia. ¿Por qué? Porque siempre será más importante, mucho más importante, mil veces más importante, lo que Dios tiene que decirnos que lo que nosotros tenemos que decirle a él.
Alejandro Molero: Claro, claro.
Sugel Michelén: Entonces, este es otro problema. Yo he estado en iglesias donde se canta una hora y se predica veinticinco minutos. [risas] Ahí hay un problema, hay un inconveniente. Porque la predicación de la Palabra de Dios es el momento en que el púlpito se convierte en el trono del Rey, que viene a decirnos cuál es su voluntad a través de la predicación de la Palabra. El púlpito es el trono, como decía Lutero.
Eso quiere decir que la ofrenda es adoración. La oración es parte de la adoración.
Alejandro Molero: Sí, la oración congregacional, la oración pastoral, la oración de intercesión. O sea, pudiéramos incluir varios momentos de oración durante el servicio, y eso está bien: la intercesión por otras iglesias, la intercesión por algunos miembros de la iglesia que están pasando situaciones, los motivos de acción de gracias no espontáneos. Hemos visto iglesias donde [ríe] abren el micrófono para decir: «¿Quién quiere dar gracias a Dios hoy?». Eso es abrir cualquier caja de Pandora.
Planificación y espontaneidad: el Espíritu Santo también está en la oficina
Sugel Michelén: Hace muchos años una persona fue a mi oficina —era de confianza, yo lo conocía de hacía tiempo— y me dijo: «Mira, Sugel, déjame decirte algo muy claro. A mí no me gusta esta iglesia».
Alejandro Molero: Ay, ay, ay.
Sugel Michelén: Y yo le dije: «¿Tú me puedes decir por qué?». Me dice: «Porque ustedes todo lo tienen planificado. [risas] No dan chance a la extemporaneidad, a que la gente sea espontánea». Y yo le dije: «Okey, dime más o menos, explícame lo que tú tienes en mente». «Bueno, a mí me gustaría estar en una iglesia donde, de repente, si alguien quiere leer un salmo, se pare y lo lea. Si alguien quiere dar una alabanza a Dios, que lo haga. Si alguien quiere…». Digo: «Okey, perfecto». Mira, en ese momento nosotros teníamos una asistencia más o menos de 600 o 700 personas. Yo le dije: «Okey, déjame hacer un ejercicio aquí. Vamos a suponer por un momento que nosotros decidimos hacer un culto espontáneo. Y vamos a suponer por un momento que el 5 % de la gente que llega a nuestra iglesia decide hacer algo [risas]». Algo espontáneo puede ser cantar un himno, puede ser recitar una poesía —porque él hablaba de eso, de recitar una poesía para el Señor—…
Alejandro Molero: Un especial.
Sugel Michelén: Exacto. O leer un salmo. Bien. «¿Qué pasaría?». Y él se queda pensando y me dice: «Yo creo que no habría tiempo para la predicación de la Palabra». Digo: «Exactamente». [risas]
Hay un concepto muy arraigado, sobre todo en las iglesias latinoamericanas, y es que el Espíritu Santo solo está en lo espontáneo. O sea, el Espíritu Santo solo está en lo que ocurre de repente, en el momento, cuando estamos celebrando el servicio de adoración.
Alejandro Molero: Pero no en lo planificado.
Sugel Michelén: Pero no en lo planificado. El Espíritu Santo no estaba en la oficina [risas] cuando nosotros estábamos con el director de alabanza decidiendo cuáles son los himnos de esta iglesia. Hay dos pastores que, junto con el líder de alabanza, estamos planificando el culto. O sea, el Espíritu Santo no está ahí, en ese momento en que estamos decidiendo…
Alejandro Molero: Será que el Espíritu Santo no cumple horario de oficina [ríe], sino que trabaja los domingos nada más.
Sugel Michelén: Exactamente. Entonces, yo creo que un culto debe ser, como dice Pablo en 1 Corintios 14, «decentemente y con orden» (1 Corintios 14:40). Y para que haya orden tiene que haber algo de planificación. Eso no mata el Espíritu.
Alejandro Molero: Ni tampoco socava la supuesta libertad —que no es libertinaje— donde el Espíritu está y liberta. Pero creo que, si pudiéramos ayudar a nuestros hermanos en cualquier parte del mundo hispanohablante, es diciéndoles que la adoración debe ser planificada. Es muy importante que los pastores se involucren en la planificación del servicio, y que no deleguen esta responsabilidad a jóvenes que no han sido entrenados. No necesariamente tienen que ir al seminario, pero no han sido entrenados en qué y por qué cantamos y hacemos lo que hacemos. Creo que debe haber un involucramiento pastoral en por qué hacemos lo que hacemos y en qué elementos del culto es necesario incluir en el servicio. Por ejemplo, no solamente la predicación, como bien sugieres, sino la oración: debemos orar varias veces durante el servicio. Debemos incluir varias secciones de lectura bíblica. Si hay un canto —una canción, sea himno, sea coro, lo que sea— que expone o abunda en alguno de los textos bíblicos, deberíamos sentirnos animados a leer ese texto bíblico en el cual está fundamentada la canción que vamos a cantar. Y es importante que movamos a la iglesia a memorizar o a internalizar canciones que están fuertemente enraizadas en la Escritura, porque eso es lo que nos enseña Colosenses 3:16.
Predicar es adorar, y la música es sierva de la letra
Sugel Michelén: Mira, la himnología en la iglesia congregada debe reflejar varias cosas. Debe reflejar muy claramente el evangelio. Como te decía, te puse como ejemplo «Roca de la eternidad», pero puede ser un himno contemporáneo como «Glorioso intercambio», de Jonathan Jerez. Es un himno que claramente presenta el evangelio de Jesucristo.
Alejandro Molero: Precioso.
Sugel Michelén: Entonces, primero, el evangelio debe estar muy claro. Segundo, debe ser una alabanza trinitaria. Nosotros tenemos que tener cuidado, como pastores, de que estamos alabando a las tres personas de la Trinidad. Debe ser centrada en Dios, sin que por eso deje de beneficiar… De hecho, lo que más beneficia a un creyente es estar centrado en Dios. Eso ayuda al que está en dolor. Eso ayuda al que está luchando con el pecado. Y mil cosas más. Ayuda a la iglesia a apreciar lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz.
Alejandro, déjame volver atrás, al tema de la predicación, porque yo soy predicador; soy pastor, soy predicador. Y una de las cosas que a mí me preocupan —y se lo digo a mi esposa y a mis pastores cuando les pido que oren por mí— es que, cuando yo estoy predicando, yo tengo que estar adorando. Mi predicación tiene que ser un acto de adoración en sí mismo. Porque, de lo contrario, yo estaría siendo un hipócrita. ¿Cómo yo puedo estar diciendo: «Y Cristo, nuestro Salvador, murió en la cruz del Calvario», pero lo estoy diciendo simplemente porque memoricé mi texto?
Alejandro Molero: Claro, claro. Sin corazón.
Sugel Michelén: Exactamente, no porque mi corazón esté involucrado. Entonces, yo creo que la predicación es un acto supremo de alabanza y de adoración a Dios.
Alejandro Molero: Sí, señor. Coincido. Aunque no estemos cantando.
Sugel Michelén: Es que ese es el problema. La gente cree que la alabanza…
Alejandro Molero: …es cantar.
Sugel Michelén: …solamente es cantar. Cuando Pablo escribe Romanos 11 y dice: «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!» (Romanos 11:33), ¿qué está haciendo Pablo? Pablo está irrumpiendo en una alabanza a Dios luego de haber considerado todos los elementos que convergen en el evangelio. Eso es alabanza, aunque no sea cantada.
Hay algo más, Alejandro, que no hemos tocado todavía. No sé si tú querías entrar por ese tema, pero es el tema de la música. La música en la alabanza es sierva de la letra.
Alejandro Molero: Sí, sí.
Sugel Michelén: Entonces, ¿qué tipo de música nosotros debemos usar en el culto de adoración? Una música que sea apropiada para la letra que nosotros estamos transmitiendo.
No deja de ser interesante que en el Antiguo Testamento a las festividades religiosas se les llamaba «fiestas solemnes». Okey. Sobre todo en Latinoamérica, hay personas para quienes esas dos palabras no pueden ir juntas.
Alejandro Molero: [ríe] No pueden ir juntas.
Sugel Michelén: Si es una fiesta…
Alejandro Molero: Es bailable.
Sugel Michelén: Tiene que ser un jolgorio. Y si es solemne, tiene que ser un velorio.
Alejandro Molero: O aburrido.
Sugel Michelén: Un velorio. Entonces, no: el culto no puede ser un velorio.
Alejandro Molero: No, no debe ser aburrido.
Sugel Michelén: Pero no puede ser un jolgorio. Entonces, ¿cómo nosotros encontramos ese elemento de balance? La música ayuda muchísimo en eso. Por eso hay música que es apropiada para cantar en la iglesia y otra que no lo es. Y uno tiene que tener en cuenta eso. Yo no quiero ponerme a poner ejemplos aquí, porque parece que está uno legislando sobre ciertas cosas, y no es tan fácil explicar aquí en palabras a qué me refiero. Pero yo creo que tú puedes ir a una iglesia y decir: «Definitivamente, ellos creen que Dios es trascendente, glorioso, majestuoso, y al mismo tiempo están muy gozosos, contentos y alegres de haber sido salvados por ese Dios, y porque él es su Padre». Y tú puedes ver ese balance en la forma como la gente canta en la iglesia.
Recursos y palabras finales
Alejandro Molero: Sí, señor. Antes de las palabras finales, vamos a tratar de aportar algunos recursos a cualquiera de los hermanos que está escuchando esto, para mejorar la aproximación de la iglesia cuando está reunida: cómo canta, cómo ora, cómo lee, cómo vive la Palabra de Dios. Hay una diaconisa de nuestra iglesia que se dio a la tarea de recolectar todas las canciones que pudiéramos cantar. Hay algunas tradiciones que mantienen el himnario y cantan con himnario todavía; quien quiera hacerlo, bienvenido sea. Pero hay algunas canciones que no están en los himnarios, y lo que hizo esta hermana de nuestra iglesia fue una colección de canciones congregacionales y una colección de canciones devocionales para recomendar a los hermanos, con sana doctrina, con buena composición, arreglos de himnos, hasta con los vínculos en línea donde pueden escuchar las canciones, y donde los músicos pueden tener incluso la lista de acordes para tocar. ¿Qué otro recurso pudiéramos sugerirle, hermano Sugel, a los que están encargados de cantar y de componer el orden del servicio en nuestras iglesias?
Sugel Michelén: Mira, el libro de Bob Kauflin, Nuestra adoración importa, es un libro muy bueno. Hay un libro de Mike Cosper —pero está en inglés— que se llama Rhythms of Grace, «Los ritmos de la gracia».
Alejandro Molero: «Los ritmos de la gracia», sí.
Sugel Michelén: Hay artículos en…
Alejandro Molero: Sí, en la página web.
Sugel Michelén: …es.9marks.org, que los hermanos pueden buscar allí. Creo que Peterson tiene un libro sobre la adoración.
Alejandro Molero: Eugene Peterson.
Sugel Michelén: Sí, Eugene Peterson. Está en español. Es un libro bastante teológico, pero yo creo que es un buen recurso para entender de qué se trata esto de la adoración, de qué se trata esto de darle gloria a Dios. Uno puede convertir esa frase en un cliché evangélico sin significado. Yo creo que el libro de Eugene Peterson ayuda en ese sentido. O sea, son recursos que podemos usar.
Alejandro Molero: Sí. Bueno, es un tema bastante amplio, así que les animamos a seguir conversando de esto y, por supuesto, a comentar y a compartir estos contenidos. Recuerden, pastores: nosotros somos los encargados de la adoración en la iglesia. No deleguen esto, porque, aunque lo deleguen, ustedes siguen siendo responsables. Este es nuestro trabajo, esta es nuestra descripción del cargo. Así que, palabras finales antes de despedir.
Sugel Michelén: Mira, voy a cerrar de mi parte con esta cita: «Mucho mejor que las dulces armonías de unos cuantos cantantes entrenados son las almas rendidas de criminales perdonados, deleitándose como una sola voz en su Salvador». Jonathan Leeman, en Reverberación. Creo que el libro no está en español.
Alejandro Molero: Creo que no.
Sugel Michelén: Pero, de paso, es un buen libro para hablar de cómo la Palabra de Dios debe reverberar del corazón nuestro al corazón de los hermanos. Es un libro buenísimo.
Alejandro Molero: Muy bueno.
Sugel Michelén: De hecho, creo, si no recuerdo mal, que se imprimió con otro título. Yo lo leí cuando estaba titulado Reverberation, pero luego creo que el título cambió, y no me acuerdo ahora del título.
Alejandro Molero: Sí, yo tampoco. Se lo debemos.
Sugel Michelén: Sí, pero es un buen libro, es un buen recurso.
Alejandro Molero: Buenísimo, buenísimo. Hermanos, el Señor es digno.
Sugel Michelén: Amén.
Alejandro Molero: Él es digno de gloria. Así que hagamos todo lo posible, humanamente hablando, para maximizar la gloria de Cristo en las reuniones de nuestra iglesia. Que el Señor les bendiga.
Este artículo es una transcripción editada del episodio «Adoración congregacional» del pódcast Entre Pastores, de 9Marcas. Puedes ver el episodio completo en Youtube.
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