🎤 Entre Pastores
Episodio 8: Evangelio y evangelismo en la iglesia local
¿Qué es realmente el evangelio y qué significa evangelizar? Una conversación sobre el mensaje cristiano, su proclamación fiel y cómo cultivar una cultura de evangelismo en la iglesia.
Alejandro Molero: Muy buenos días, buenas tardes, buenas noches. El Señor les bendiga. Bienvenidos una vez más a otro episodio de «Entre Pastores», entre el pastor Sugel y el pastor Alejandro. Felices de poder estar con ustedes una vez más en este otro episodio de este pódcast de 9Marcas en español. 9Marcas existe para ayudar a los líderes a edificar iglesias saludables, y aquí estamos una vez más tratando de ayudar, servir y conectar con ustedes. Hoy tenemos un episodio, hermano Sugel… ¿De qué es que vamos a hablar hoy?
Sugel Michelén: Vamos a hablar de dos temas que son diferentes, pero están intrínsecamente relacionados: evangelio y evangelismo. Obviamente, no podemos predicar el evangelio, no podemos evangelizar, si no entendemos qué es el evangelio. Así que son dos temas diferentes, pero íntimamente relacionados.
Qué es —y qué no es— el evangelio
Alejandro Molero: Sí. Vamos a empezar definiendo qué es evangelismo y qué es evangelio. Si pudiéramos hacer una definición corta de cada uno, ¿qué tú dirías que es el evangelio y qué es el evangelismo?
Sugel Michelén: Yo creo que sería bueno comenzar con algunas opiniones negativas…
Alejandro Molero: Ok. ¿Qué es lo que no es?
Sugel Michelén: …qué es lo que no es el evangelio. Por ejemplo, yo recuerdo, cuando yo era nuevo creyente, que se popularizó mucho un folletito evangelístico que comenzaba diciendo: «Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida».
Alejandro Molero: Las cuatro leyes espirituales.
Sugel Michelén: Exactamente. Ahora, fíjate, no hay nada de malo en el hecho de decir que Dios te ama. Dios es amor. El problema es que el evangelio no es un mensaje tan simplista, ¿no? Yo no puedo simplificar el evangelio a un simple eslogan que dice: «Dios te ama y tiene un plan maravilloso para ti», cuando ahí no se menciona el problema del pecado, ahí no se menciona la necesidad de arrepentimiento. Todo el mundo quiere recibir el amor de Dios, y todo el mundo quisiera que Dios le arreglara sus planes, o pensar que Dios tiene un plan muy maravilloso para mí, cuando la realidad es que puede ser que yo me convierta y el plan de Dios sea que yo sufra mucho como creyente.
Es maravilloso, porque me hace a la imagen de Cristo; pero el que llega al evangelio con ese mensaje en la cabeza, pensando: «Tú ves, yo me voy a convertir y Dios me va a dar un buen carro, un buen matrimonio, mis hijos van a ser más obedientes», va a terminar decepcionado casi invariablemente. Entonces, eso no es el evangelio. El evangelio no es un mensaje terapéutico.
El evangelio, tal vez podemos definirlo de esta manera, es la buena noticia. Y ya eso es muy importante. La palabra evangelio —euangelion— es una buena noticia, no es un buen consejo. O sea, si el evangelio saliera en el periódico, no estaría en la sección de «Querida Abby», esa sección donde dan consejos. No: estaría en primera plana. Es la buena noticia de lo que Dios ha hecho en Cristo para reconciliar consigo a los pecadores que se arrepienten y creen, sin pasar por alto su justicia. Así que el evangelio es el anuncio de un hecho histórico.
Yo me acuerdo, Alejandro, hace unos años… Tú sabes que nosotros entrevistamos, igual que ustedes, a las personas que se quieren bautizar, y lo primero de lo que queremos estar seguros es de que la persona entienda el evangelio. Entonces, yo le pregunto a un joven que se crió ahí en nuestra iglesia y le digo: «Dime, cuando tú le compartes el evangelio a un inconverso en la universidad y él te pregunta: “A ver acá, explícame qué es el evangelio”, ¿qué tú le dices?». Entonces él me dice: «Bueno, yo le digo: “Yo antes tenía un vacío en mi corazón, pero acepté a Cristo y él llenó mi vacío, llenó mi corazón”». «Ah, muy bien. ¿Y qué pasaría si tú le dices eso a un amigo tuyo de la universidad y él te dice: “Guau, a mí me pasó exactamente lo mismo: yo tenía un vacío en mi corazón hasta que empecé a practicar yoga”?». [risas] Entonces ya tú no tienes nada más que decir.
No: el evangelio no tiene que ver con un vacío en el corazón. Tú tienes un problema con Dios por causa de tu pecado. Tú eres enemigo de Dios, y Dios está enemistado contigo, y tú necesitas ser reconciliado. Y hay una sola forma de ser reconciliado: Dios envió a su Hijo, el Señor Jesucristo, que se hizo hombre, vivió la vida de perfecta obediencia que ni tú ni yo podemos vivir, y luego murió en la cruz y sufrió el infierno que nosotros merecemos sufrir, para que ahora nosotros podamos, por medio de la fe y el arrepentimiento, ser justificados, ser declarados justos por causa de la justicia de Jesús. Eso es el evangelio.
La buena noticia no tiene sentido sin la mala
Alejandro Molero: Listo. Es decir, que el evangelio son buenas noticias, pero nosotros no ocultamos las malas noticias. La enemistad entre Dios y el hombre es una noticia terrible, que se soluciona con la buena noticia de que el único posible sustituto vino a morir por aquellos que pondrían eventualmente su fe en Cristo.
Sugel Michelén: De hecho, Alejandro, es que la buena noticia no tiene sentido sin la mala.
Alejandro Molero: Claro, por eso es que es buena.
Sugel Michelén: Imagínate que yo te diga: «Alejandro, te tengo un notición: tengo en casa un medicamento probado 100 % que cura el cáncer —cualquier tipo de cáncer— en menos de tres meses». Y tú me dices: «¡Guau! ¡Qué medicamento más genial! Ahora, yo no tengo cáncer». [risas]
Alejandro Molero: ¿Para qué lo necesito?
Sugel Michelén: «Mira, el día que lo necesite, te llamo; pero yo no lo necesito». Entonces, la buena noticia de que Cristo murió en la cruz del Calvario y vivió la vida de perfecta obediencia es buena porque yo no puedo vivir esa vida, y porque, cuando yo llegue al día del juicio, como no pude obedecer la ley de Dios de principio a fin, y sí la violé en incontables ocasiones, yo merezco la condenación eterna en el infierno. Pero Cristo vivió y murió por mí, y resucitó al tercer día, para que hoy yo pueda ser salvo únicamente por gracia, por medio de la fe. Esa es la buena, gloriosa…
Alejandro Molero: La mejor noticia del universo.
Sugel Michelén: …extraordinaria noticia del evangelio. Exactamente.
Alejandro Molero: Sí. Eso es solamente buena noticia cuando llega a tiempo a pecadores que reconocen su condición.
Sugel Michelén: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios…».
Alejandro Molero: «…en Él».
Sugel Michelén: «…en Él» (2 Corintios 5:21). La única justicia que Dios acepta como buena y válida es la suya.
Alejandro Molero: Es la única perfecta. Dios no acepta esos sanitizers que limpian el 99,9 % de las bacterias.
Sugel Michelén: No, mira: la única forma de tú llegar al cielo es teniendo la misma justicia de Dios. Nuestras buenas obras son como dinero de Monopolio en el cielo: no valen nada.
Alejandro Molero: No valen.
Sugel Michelén: Si tú vas a un banco y dices: «Quiero hablar con el gerente, porque vengo a depositar dos millones de dólares», dicen: «¡Guau!», y llaman al gerente… Y cuando abren el maletín, tú tienes dos millones en dinero de Monopolio. Yo te puedo asegurar que lo que van a hacer es llamar al psiquiatra para ponerte en el manicomio.
Alejandro Molero: [risas] Para reírse de ti.
Sugel Michelén: Exacto, porque ese dinero no circula aquí. Bueno, las buenas obras no circulan en el cielo. La única moneda que circula en el cielo es la justicia perfecta de Jesús.
Qué es el evangelismo (y qué no lo es)
Alejandro Molero: Así es. Entonces, ya definiendo el evangelio como las buenas noticias de salvación en Cristo, ¿qué pudiéramos decir acerca del evangelismo, de la comunicación del evangelio? ¿Qué es y qué no es el evangelismo?
Sugel Michelén: Déjame, antes de responder tu pregunta, ir a 1 Corintios 15, porque ese es uno de los textos del Nuevo Testamento que engloba el evangelio, para entonces poder entender de qué se trata el evangelismo. Pablo dice: «Porque yo les entregué en primer lugar…». Fíjate: cuando Pablo llega a Corinto y están todos estos incrédulos allí, que no creen nada, Pablo les dice: «Yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí». ¿El qué? «Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4).
Entonces, Pablo está diciendo ahí varias cosas. El evangelio tiene que ver con Dios; tiene que ver con el hombre y su pecado. Fue anunciado desde el Antiguo Testamento —por eso dice «conforme a las Escrituras»: el Cristo que nosotros predicamos hoy ya fue anunciado y prefigurado en el Antiguo Testamento, su vida, su muerte, su resurrección—. Y tiene que ver con la respuesta: arrepentirse y creer.
Entonces, cuando yo predico el evangelio, obviamente tengo que tomar en cuenta si estoy hablando con un católico romano, si estoy hablando con un ateo, si estoy hablando con una persona que es simplemente un secular que no cree en nada. Bueno, yo puedo hacer algo de apologética, quizás al principio, para poder entrar y desyerbar. Pero, al final de cuentas, estos elementos del evangelio tienen que ser comunicados: esta buena noticia de que Cristo murió por nuestros pecados, y de que esa persona es pecadora y en el día del juicio va a ser condenada. El evangelismo es comunicar ese mensaje del evangelio a personas que no creen.
Alejandro Molero: Listo. Yo coincido plenamente: eso es el evangelismo, comunicar el evangelio de una manera persuasiva, pero sobre todo fiel. Yo agregaría que la comunicación del evangelio debe ser urgente, responsable y gozosa. Debemos compartirlo con alegría, con urgencia, pero también con fidelidad. Al mismo tiempo, pienso que hay cosas que no son evangelizar. ¿Cuáles pudiéramos enumerar? Estrategias comunes que pudiera haber en la mente de algunos de nuestros paisanos latinoamericanos hoy en día, de decir: «Mira, yo evangelicé a fulano», pero lo que hice fue compartirle mi testimonio.
Sugel Michelén: Ok, esa es una de las primeras cosas: compartir el testimonio no es evangelizar. Lo cual no quiere decir que no compartas tu testimonio, pero eso no es evangelizar.
Alejandro Molero: Sí: el que dice «lo que hice fue compartir mi testimonio» no está evangelizando.
Sugel Michelén: No; es una forma de introducir el tema para poder llegar al evangelio. El evangelismo no es invitar a una persona a la iglesia, aunque debemos invitar a las personas a la iglesia.
Alejandro Molero: Porque ahí van a recibir el evangelio.
Sugel Michelén: Claro. El evangelismo no es un mensaje terapéutico como el que yo decía al principio: «Yo estaba vacío, mi vida era muy triste; yo invité a Cristo a mi corazón, y Cristo me llenó y ahora estoy alegre, gozoso». Eso no es evangelizar. Evangelizar es compartir el mensaje del evangelio, la buena noticia del evangelio.
Alejandro Molero: Compartir un tratado.
Sugel Michelén: También es una forma de conectar para poder predicar el evangelio. De paso, hacer apologética tampoco es evangelizar. Una persona puede decirme: «Yo no creo en la Biblia», y yo darle cincuenta argumentos de por qué yo creo que la Biblia es la Palabra de Dios. Pero Cristo tiene que ser presentado como el Salvador de los pecadores, que murió en una cruz para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
Pablo dice a los gálatas, en Gálatas 3:1: «Oh, gálatas insensatos» —o como dice una paráfrasis: «Oh, queridos imbéciles de Galacia» [risas]—, «ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado claramente como crucificado». O sea, cuando Pablo predicaba, es casi como si pudiera, con palabras, hacer que la persona visualizara el Calvario, a Cristo muriendo en la cruz por pecadores para satisfacer la justicia de Dios. Entonces, eso es evangelizar. Otro texto que te puedo citar es Romanos 10; es un texto clásico: ¿cómo oirán? O sea, ¿cómo una persona puede creer sin oír?
Alejandro Molero: Sin que nadie predique.
Sugel Michelén: «¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?» (Romanos 10:14). Entonces, hay personas que le atribuyen una frase a san Francisco de Asís —personalmente me pregunto si es verdad que san Francisco de Asís dijo eso [risas]—, pero dicen que él dijo: «Predica el evangelio y, cuando sea necesario, usa palabras». Eso suena muy bonito, y ciertamente nosotros debemos adornar el evangelio que predicamos con nuestro testimonio, pero mi testimonio no es el evangelio.
Alejandro Molero: No. Y el mismo acto de predicar, de proclamar, incluye el usar palabras, porque hay un vocablo que habla de anunciar, de ser heraldo. Y la misma enseñanza de 1 Corintios 1:21: que a Dios le place salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Algunos pensarán: «Bueno, pero si Dios sabe a quién va a salvar y a quién no va a salvar, ¿para qué nosotros tenemos que predicar?». Precisamente por eso. [risas]
Sugel Michelén: Porque Dios, que elige a los que se van a salvar, también eligió el medio a través del cual van a ser salvos. En 2 Timoteo 2:10, Pablo dice: «Todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna». Pablo, pero si son escogidos, ¿para qué tú sufres? Ya no te afanes tanto.
Alejandro Molero: Claro, igualito van a llegar. [risas]
Sugel Michelén: No, no, no. La única forma en que una persona se va a salvar es cuando alguien le predica el evangelio de Cristo y esta persona cree y se arrepiente.
Cómo crear una cultura de evangelismo en la iglesia local
Alejandro Molero: Claro, y ese es el instrumento escogido de Dios; por eso nos mandó a hacer discípulos a todas las naciones. Bien, pasando este tema del evangelio y el evangelismo como definición: ¿cuáles pudieran ser algunas estrategias en la iglesia local para ayudar a los pastores y miembros de nuestras iglesias a crear una cultura de evangelismo dentro de la iglesia, para tratar de evitar esa manera de pensar de que tenemos que hacer una campaña, una semana de evangelización, para que la gente evangelice? ¿Cómo pudiéramos hacer para que nuestros miembros permanezcan continuamente compartiendo el evangelio con sus amigos, vecinos y familiares?
Sugel Michelén: Guau, Alejandro, esa es una buenísima pregunta. Tú usaste la palabra cultura, y yo creo que es importante definirla, porque me encanta cómo la definen Colin Marshall y Tony Payne en el libro El reflejo de la vida: cultura es la forma como se hacen las cosas aquí. Es algo que tú no aprendes en un manual. Por ejemplo, yo soy dominicano, y hay ciertas cosas de mi cultura que sencillamente yo fui absorbiendo mientras crecía. Bueno, en la iglesia, para el nuevo que llega, la atmósfera está impregnada en la forma como nosotros damos los anuncios, como predicamos, de tal manera que se crea una cultura que el creyente absorbe. Y parte de esa cultura es el evangelismo y el discipulado. Nosotros necesitamos generar, producir, una cultura de evangelismo y de discipulado. Y para eso —vamos a concentrarnos en el evangelismo— hay varias cosas que debemos hacer.
En primer lugar, por encima de todo, predicar el evangelio con claridad. Porque, mientras tú predicas el evangelio claramente cada domingo, el creyente va entendiendo de qué se trata esta buena noticia.
Alejandro Molero: ¿Te refieres desde el púlpito, en el sermón?
Sugel Michelén: Sí. Mira, es que tú no puedes predicar correctamente de ningún pasaje de las Escrituras sin terminar en Cristo y su obra de redención. Eso no significa que todos los domingos yo deba decir las mismas cosas: «Somos pecadores, Cristo murió en la cruz por nuestros pecados», etcétera. No, no: yo debo predicar el texto bíblico, pero es que el texto bíblico bien predicado me lleva a Cristo. Pablo le dice a Timoteo en 2 Timoteo 3:15: «Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras» —y se está refiriendo obviamente al Antiguo Testamento, porque el Nuevo no estaba escrito en el momento en que Timoteo era un bebé—, «las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús». Entonces, el Antiguo Testamento —mucho más el Nuevo, más claramente— nos lleva a Cristo. Así que yo no puedo predicar de ningún pasaje sin poner en el centro a Cristo y su obra de redención. Así que, primero: predica el evangelio claramente…
Alejandro Molero: Cada domingo.
Sugel Michelén: …desde el púlpito. «Me propuse no saber nada entre ustedes, excepto a Jesucristo, y Este crucificado» (1 Corintios 2:2).
Segundo: modela el evangelio y el evangelismo. A veces me ha pasado que salgo con un hermano en Uber —mi carro está dañado, pido un Uber— y tú comienzas a evangelizar al chofer del Uber. Y hay un hermano de la iglesia que anda contigo; él está viéndote conversar el evangelio con alguien. Y eso le muestra, primero, que hay una urgencia: yo no sé si voy a volver a ver a esta persona nunca más; yo necesito que él conozca el mensaje del evangelio. Pero también le estoy enseñando a hacerlo: él me vio cómo yo inicié la conversación, él me vio cómo yo respondía las objeciones, etcétera; los argumentos que yo sé. Así que debes modelar el evangelismo en tu propia vida.
Alejandro Molero: Ya. Esas conversaciones deben ser naturales en la vida de la iglesia. O sea, no deberíamos esperar a que haya un movimiento de evangelización, a que haya una cruzada, una campaña, para evangelizar. No deberíamos, incluso, esperar a que los pastores nos convoquen a evangelizar: debe ser algo natural. Yo suelo decir, en algunas de mis predicaciones en la iglesia, que el evangelismo es la razón por la cual Dios nos tiene aún aquí en la tierra. Es la misión por la cual Dios nos tiene todavía aquí.
Sugel Michelén: Claro. Mateo 28.
Alejandro Molero: Sí. Y es la manera como el Señor quiere salvar a algunos: por la predicación del evangelio.
Sugel Michelén: Entonces, dijimos: predicar el evangelio claramente desde el púlpito; segundo, modelar el evangelismo. Tercero, algo muy importante: orar juntos por los perdidos. Hay momentos, por ejemplo, en el culto de oración de nuestra iglesia, en que nosotros oramos por nuestros hijos inconversos o por nuestros familiares. O hay personas que dicen: «Por favor, oren, porque estoy predicándole el evangelio a un familiar que se está muriendo de cáncer». Entonces, bueno, oramos. ¿Y eso dónde lo vemos? En la misma Escritura. Pablo dice: «Yo pongo a Dios de testigo de que mi oración a Dios por Israel es para salvación» (Romanos 10:1). Yo debo orar por los perdidos.
Celebrar la fidelidad, no los resultados
Sugel Michelén: Y una cuarta cosa que los pastores podemos hacer para crear una cultura de evangelismo es celebrar la fidelidad, no necesariamente los resultados.
Alejandro Molero: ¿Cómo es eso?
Sugel Michelén: En nuestra iglesia hay varios grupos que van a ciertos lugares regularmente a predicar el evangelio —eso aparte de que damos gracias al Señor de que nuestros miembros predican el evangelio en la generalidad de los casos: en la universidad, en el trabajo—. Pero hay, por ejemplo, una plaza que está cerca de nuestra iglesia, y un sábado al mes hay un grupo de hermanos que van a predicar el evangelio. Hay un grupo de hermanos de nuestra iglesia que van a un hospital de quemados, y ahí comparten el evangelio. Y ellos a veces dan testimonio. Puede ser que nadie se haya convertido, pero celebramos la fidelidad.
Alejandro Molero: Okey, la fidelidad de ir a compartir el evangelio.
Sugel Michelén: «Hermanos, qué bueno: estos hermanos fueron…». Porque la gente se alegra cuando dice: «Se convirtieron tantos» —que, por cierto, no es que se convirtieron: hicieron profesión de fe, porque yo no sé quiénes se convirtieron; solo el tiempo dirá si esos frutos son reales o no—. Pero si la única alegría es que se convirtieron quince, o que quince hicieron profesión de fe… No: alégrate de que el evangelio de Jesucristo fue anunciado. Porque puede ser que esa semilla que se sembró dé resultado dentro de diez años.
Alejandro Molero: O más, sí. Como la famosa historia de Luke Short.
Sugel Michelén: Sí. Oyó el evangelio a los quince y se convirtió a los ciento… ¿cuánto fue?
Alejandro Molero: Ciento dos. Cien o ciento dos años. Y vivió dos más y fue enterrado.
Sugel Michelén: Exactamente. Dice: «Aquí…».
Alejandro Molero: John Flavel.
Sugel Michelén: «…aquí yace un bebé en la fe, de dos años, que murió a la corta edad de 104». Entonces, puede ser algo como lo de Luke Short, quién sabe. «Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento» (1 Corintios 3:6). Nuestra responsabilidad no es convertir; nuestra responsabilidad es predicar el evangelio.
Alejandro Molero: Así es, sí.
Sugel Michelén: ¿Y sabes qué, Alejandro? Eso nos da mucho descanso, porque, cuando yo pienso: «Guau, es que yo necesito que esa persona venga y confiese a Jesucristo», voy a estar forzando algo que tal vez lleve a la persona a hacer una falsa profesión de fe.
El evangelio también es para los creyentes
Alejandro Molero: Sí, sin duda. ¿Qué opinaríamos de esta afirmación que algunos han querido hacer, más que todo en el ambiente pastoral? —recuerden que estamos hablando a pastores, pero también a miembros de iglesia—. Hay incluso pastores que tienen la maravillosa idea de tener un domingo evangelístico en los servicios de la iglesia. ¿Por qué? Porque ese domingo el evangelio va a ser claramente predicado: «Inviten a sus amigos inconversos a este domingo en especial, porque ese domingo es cuando se va a predicar el evangelio». ¿Qué diríamos de la idea de que el evangelio es solamente para los inconversos? ¿No pudiéramos afirmar también que el evangelio es, no el ABC, sino todo el alfabeto, también para los creyentes?
Sugel Michelén: Mira: cuando Pablo se dio cuenta de que los gálatas se estaban desviando, ¿qué hace Pablo? Vuelve y les predica el evangelio. Porque solo el evangelio produce madurez en la vida del creyente. Es imposible predicar de cualquier texto o de cualquier tema de la Biblia sin poner el evangelio en el centro. Vamos a suponer que voy a dar una prédica sobre matrimonios. Bien, ¿qué voy a decir? «Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella para santificarla» (Efesios 5:25-26). Creo que es Paul Tripp el que dice que, si a Pablo lo invitan a un retiro de matrimonios y tiene solo cuatro sermones que predicar, en el primero predicaría el evangelio, en el segundo predicaría el evangelio, en el tercero predicaría el evangelio, y en el cuarto les diría a los maridos y a las esposas qué hacer ahora con este evangelio que ellos han escuchado.
¿Tú vas a predicar de, qué sé yo, las ofrendas? «Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Corintios 8:9). Yo no puedo predicar de las ofrendas sin predicar acerca del evangelio. Yo no puedo predicar de la crianza sin decir a los padres: «críenlos en la disciplina e instrucción del Señor» (Efesios 6:4). Esto no es una crianza como la haría un secular, porque es una crianza que tiene el evangelio en el centro.
Si yo estoy hablando acerca del racismo, o estoy hablando acerca de los hermanos que no tratan bien a alguien —ya sea por el color de su piel, ya sea por su nivel socioeconómico o educativo—, ¿cómo yo voy a lograr que la iglesia tenga unidad? Presentándoles el evangelio. Pablo dice en Gálatas que él tuvo que reprender a Pedro públicamente, porque se retraía y no quería comer con los gentiles cuando llegaron los creyentes de Jerusalén, y le dijo a Pedro delante de todos: «Cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio…» (Gálatas 2:14). O sea, fíjate: Pablo no dice: «Cuando vi que Pedro era un racista», «cuando vi que Pedro estaba faltando a la ley del amor porque estaba maltratando a estos hermanos». No andaba rectamente conforme a la verdad del evangelio. Así que no: el evangelio es para…
Alejandro Molero: El evangelio es todo.
Sugel Michelén: Todo; es para los creyentes. Ningún creyente va a crecer a menos que su vida esté enraizada en el amor de Cristo.
«A evangelizar se aprende evangelizando»
Alejandro Molero: Sí. Algunas razones por las cuales la gente no evangeliza pueden incluir, por ejemplo: «Es que yo no tengo respuesta para todas las preguntas». La más cómica que he oído es: «No, es que yo no tengo el don de evangelista; yo no evangelizo porque yo no tengo el don de evangelista». Hay muchas razones por las cuales una persona no evangeliza. Pero ¿qué le pudiéramos decir a esta persona, que a lo mejor es un nuevo creyente, que a lo mejor está en su primer amor, que a lo mejor es una persona que quiere compartir el evangelio pero no sabe cómo? O a los pastores, ¿qué les decimos para que ellos animen a sus iglesias a vivir una vida de constante evangelismo, una vida de compartir el evangelio de manera orgánica, natural? Tampoco es que hay que ir al seminario para compartir el evangelio.
Sugel Michelén: La mujer samaritana conoce al Señor y de inmediato va a la ciudad y dice: «Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será Este el Cristo?» (Juan 4:29). No era una tremenda evangelista…
Alejandro Molero: No había ido al seminario.
Sugel Michelén: …pero, mira, hizo su trabajo. Te va a parecer extraño esto, pero yo creo que una de las mejores cosas que los pastores podemos hacer para animar a los hermanos no es crearles un complejo de culpa por no hacerlo. La culpa no es un motivador. Lo que yo debo hacer es mostrarles lo maravilloso que es Cristo y lo maravillosa que es nuestra salvación. Porque nosotros fuimos alambrados de tal manera que, cuando estamos asombrados por algo, no podemos dejar de hablar de eso. «No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hechos 4:20), dice Pedro hablando ante el Sanedrín.
Alejandro Molero: Pablo dice en 1 Corintios 9:16: «¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!», porque me es impuesta necesidad.
Sugel Michelén: Mira, la Iglesia del primer siglo tuvo un crecimiento sorprendente. Se calcula que al final del primer siglo por lo menos un 10 % de la población del Imperio romano profesaba la fe. Obviamente, son estimaciones no precisas, pero muchos tenían que ser para que alguien dijera eso. ¿Cómo sucedió eso? Bueno, ahí estaba la Gran Comisión. Pero ¿cómo leemos la Gran Comisión? Yo te voy a decir cómo algunos la leen: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra; por tanto, dejen de perder el tiempo y vayan a predicar el evangelio». [risas] Yo no creo que ese haya sido el tono en el que Cristo dio la Gran Comisión.
Alejandro Molero: ¿Cómo sería?
Sugel Michelén: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. El éxito de esta empresa no depende de ustedes; el éxito de esta empresa depende de que yo tengo toda autoridad y yo voy a llamar a los míos. Ustedes predicando y yo llamando a los míos. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones y, cuando se conviertan, bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todas las cosas que yo les he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. No se preocupen, no teman: yo estoy con vosotros, yo tengo toda autoridad; el diablo no la tiene. Vayan y prediquen y hagan discípulos» (Mateo 28:18-20).
Alejandro Molero: Eso cambia totalmente…
Sugel Michelén: Totalmente.
Alejandro Molero: …la mentalidad de los tímidos, de los introvertidos. Cambia la manera en cómo concebimos las misiones, la plantación de iglesias, las predicaciones. Saber que el Señor nos acompaña y que de él es el éxito; que, cuando nos rechazan, no es a nosotros a quienes rechazan, y que, cuando nos aceptan, no es a nosotros a quienes aceptan, sino que es a Cristo a quien rechazan o aceptan —y él sabrá por qué—. Pero, sin duda, la presencia de Cristo, su compañía mientras uno está compartiendo el evangelio con un enemigo de Dios, es el consuelo más grande con el que podemos vivir.
Sugel Michelén: Y yo le diría a un nuevo creyente: tal vez tú no sabes todavía muy bien cómo comenzar una conversación. Hay dos o tres objeciones que los inconversos siempre tienen —casi siempre las mismas—. Tú vas a oír dos o tres objeciones que al principio no vas a saber qué responder, pero no te preocupes por eso: a evangelizar se aprende evangelizando. Comparte las buenas nuevas de salvación.
Alejandro Molero: Y no hay problema en decir: «No sé; devolvámonos a lo que estamos hablando». [risas] Cuando hagan una pregunta difícil… Normalmente los inconversos tratan de desviar la conversación hacia preguntas existenciales o acusaciones en contra de la iglesia, de la fe o de la Biblia. Pero siempre debemos buscar la manera de decir: «No, no sé, pero vamos a seguir hablando de esto que te estaba mencionando».
Recursos recomendados y palabras finales
Alejandro Molero: Algunos recursos, Sugel, para terminar, que pudiéramos animar a nuestros hermanos a leer, a ver: artículos, películas, libros que pudieran considerar.
Sugel Michelén: Mira, El evangelio y la evangelización personal, de Mark Dever, yo lo encontré sumamente útil, porque en una forma muy simple Mark comienza diciendo lo que no es evangelizar, luego lo que es evangelizar y qué es el evangelio. Otro buen recurso es el libro de Greg Gilbert, ¿Qué es el evangelio?, también muy simple y muy breve —de hecho, los dos libros son muy breves—. Está el libro de Mack Stiles, el de las…
Alejandro Molero: La evangelización.
Sugel Michelén: …Las marcas del mensajero.
Alejandro Molero: Ah, sí, Las marcas del mensajero. Pero también está el libro rojo de la serie Edificando Iglesias Saludables, que se llama La evangelización, de Mack Stiles.
Sugel Michelén: Sí, de Mack Stiles también. Son recursos muy buenos que pueden usar para tener una definición cada vez más precisa de lo que es el evangelio, y luego, entonces, cómo compartirlo.
Alejandro Molero: Cómo compartirlo. Debe ser natural, orgánico; debe ser nuestra manera de conversar. Y animamos a los pastores, a los hermanos de las iglesias, a comprender y manejar cada vez más las buenas noticias de manera natural, y que esa sea nuestra conversación natural. Hay veces que debemos vencer la timidez, la inquietud. Decía un hermano amigo: debemos abrazar lo incómodo de tener que compartir estas buenas noticias. Pero recuerden: es la única manera en que el Señor salva a los que creen. Así que queremos animarlos. Palabras finales, hermano Sugel, para comprender el evangelio y compartir el evangelio.
Sugel Michelén: Mira, dice Pedro que nosotros somos un reino de sacerdotes, gente santa, que fuimos llamados de las tinieblas a la luz para anunciar…
Alejandro Molero: …las virtudes.
Sugel Michelén: …las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). Nosotros fuimos llamados por Cristo en gran medida para hacer eso: para ser sal y luz en el mundo. Prediquemos el evangelio, compartamos las buenas nuevas de la salvación y pidamos a Dios en oración dos cosas: «Señor, ayúdame a admirar cada vez más a Cristo y ayúdame a amar cada vez más a los incrédulos, a los perdidos». Si yo admiro a Jesús y amo a los perdidos, el evangelismo va a ser inevitable.
Alejandro Molero: Claro. El más grande acto de amor para una persona que se está perdiendo es compartirle las buenas noticias de salvación.
Sugel Michelén: Amén.
Alejandro Molero: Ánimo, hermanos. El Señor es digno de todo esto, y él se goza —y hay fiesta en el cielo— cuando un pecador se arrepiente (Lucas 15:10). Que el Señor les bendiga.
Sugel Michelén: Amén.
Este artículo es una transcripción editada del episodio «Evangelio y evangelismo» del pódcast Entre Pastores, de 9Marcas. Puedes ver el episodio completo aquí.
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