Liderazgo
10 reflexiones breves sobre el carácter de un anciano
El verdadero carácter no se proclama con discursos, se demuestra silenciosamente en las decisiones de cada día. Sé fiel en lo pequeño, íntegro en lo oculto y firme en la verdad.
El apóstol Pablo exhorta a Timoteo con estas palabras: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina» (1 Timoteo 4:16). ¿A qué se debe este énfasis constante en la persona del anciano y en la solidez de su carácter? A que, dentro del orden bíblico de la iglesia local, la gloria de Dios es exhibida y la grey es edificada mediante pastores calificados. Para que esto se cumpla, el carácter piadoso es un requisito indispensable; los ancianos no son hombres impecables, pero sí deben ser hombres caracterizados por la santidad (Santiago 3:2).
1. El carácter de un anciano no es negociable
Un examen de los pasajes que tratan sobre los ancianos y el gobierno eclesial revela la primacía del carácter sobre el carisma o el talento funcional (1 Timoteo 3; Tito 1; 1 Pedro 5; Hechos 20:18–35; 2 Timoteo 2:22–26). El pastor debe manifestar de forma sostenida y consistente las virtudes del fruto del Espíritu: fidelidad matrimonial y sexual, buen gobierno de su hogar, humildad, mansedumbre, apacibilidad y sobriedad. Las Escrituras no respaldan la ordenación ni el servicio de ningún anciano que presente fisuras considerables en su santificación personal.
2. El carácter de un anciano es una cualificación perpetua
Los requisitos bíblicos descritos por el apóstol no representan un simple umbral que se alcanza para ingresar al oficio pastoral y luego se descuida. No basta con que un varón haya estado calificado en el pasado; debe mantenerse apto en el presente. Los ancianos deben ser modelos vivos para el rebaño (1 Pedro 5:3), caracterizados por una vida de velar en oración, mortificación del pecado y arrepentimiento continuo.
3. Debe distinguirse entre lo esencial y lo deseable en el carácter del anciano
Todo anciano presenta limitaciones o deficiencias en su carácter en algún grado. La cuestión clave para el cuerpo de ancianos y la iglesia local es evaluar si dichas deficiencias comprometen su idoneidad moral según la norma escritural. Se requiere discernimiento espiritual para diferenciar lo imperativo de lo meramente deseable. Si no se hace esta distinción, se distorsiona el diseño divino, el cual contempla ancianos que sean hombres cristianos ordinarios pero de una trayectoria intachable y ejemplar.
4. El carácter del anciano será blanco de intensas tentaciones
Aquello que es neurálgico para la salud y la edificación de la iglesia local será atacado de manera prioritaria por el enemigo. El maligno y sus huestes dirigen sus saetas con especial ferocidad hacia los pastores para inducirlos al compromiso moral, la apatía o la relativización de la verdad. Quienes anhelan el obispado deben apercibirse de esta realidad espiritual y velar en gracia para cultivar una madurez a prueba de asedios.
5. El carácter del anciano conlleva un juicio más riguroso
Dios en su soberana gracia despierta el deseo del ministerio pastoral en hombres piadosos, al punto que la Escritura llama «buena obra» a tal aspiración. Sin embargo, la advertencia de Santiago es solemne: «Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación» (Santiago 3:1). Esta mayor exigencia eclesiológica responde al alcance de su influencia, pues la caída o el mal testimonio de un anciano puede ser piedra de tropiezo para multitud de creyentes.
6. El carácter de un anciano no admite compartimentación
Charles Spurgeon lo señaló con precisión: «Los verdaderos ministros son siempre ministros». Las cualificaciones del pasaje pastoral no son un traje que el anciano se quita al salir del púlpito; deben ser examinadas y oradas de manera constante en la vida privada. Como advertía la tradición puritana, una pequeña grieta puede hundir un navío grande, y una sola chispa puede encender un incendio; de igual forma, un pecado tolerable o consentido en la intimidad terminará por corroer el alma y destruir el ministerio.
7. El carácter del anciano debe manifestarse en el hogar
Es una contradicción y una tragedia pastoral que un varón sirva con aparente eficacia en la edificación de la iglesia mientras descuida la instrucción y el cuidado de su propia casa. Como ha recordado David Mathis: «Nuestras familias son nuestro primer pastorado». En 1 Timoteo 3:4–5, Pablo enfatiza que quien no sabe gobernar y cuidar su propia casa difícilmente podrá cuidar de la iglesia de Dios.
8. El carácter del anciano se refina mediante la corrección fraterna
Un medio ordinario de gracia para preservar la idoneidad pastoral es el efecto santificador de la exhortación y la crítica piadosa que proviene de la familia, de la membresía y del plenario de la pluralidad de ancianos. Debe existir una atmósfera de transparencia, mansedumbre y amor fraterno dentro del consejo pastoral, donde los ancianos acojan la corrección recíproca con humildad y sin temor a fricciones relacionales.
9. El carácter del anciano debe sobresalir en pureza sexual y humildad
Buena parte de la labor de pastoreo y consejería bíblica consiste en guiar a los miembros a mortificar los pecados de la carne. El requisito de ser «marido de una sola mujer» (fidelidad afectiva, mental y física) es innegociable. Las caídas en el plano sexual destruyen la credibilidad del ministerio, la enseñanza y el consejo pastoral. Por tanto, el anciano debe distinguirse por una alta norma de pureza e intimidad con Dios, unida a una profunda humildad que le recuerde que se sostiene únicamente por la gracia soberana.
10. El carácter del anciano amplificará o ahogará la voz de su ministerio
Nuevamente en palabras de Spurgeon: «Nuestro carácter debe ser más elocuente que nuestros discursos». El carácter santificado no es solo una condición previa para ejercer el oficio; el carácter en sí mismo es un ministerio pedagógico que proclama el Evangelio a la iglesia y al mundo.
Este artículo fue traducido desde el blog de 9Marks.org. Si quieres leer la versión original de este artículo, haz clic aquí.
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