Predicación expositiva

Guía práctica para aplicar la suficiencia de las Escrituras hoy

Por Carl Trueman

Carl Trueman es profesor de estudios bíblicos y religiosos en el Grove City College de Grove City, Pensilvania.
Artículo
13.07.2026

¿Pragmatismo o fidelidad bíblica? Carl Trueman nos entrega una brújula teológica para medir y alinear la doctrina, el gobierno y el culto de nuestra iglesia con la Palabra.

La doctrina de la suficiencia de las Escrituras se encuentra en el corazón de lo que significa ser protestante. El protestantismo y el catolicismo romano comparten mucho en común en términos de teología básica, como el compromiso con las doctrinas de la Trinidad y la Encarnación. Sin embargo, cuando se trata de asuntos de autoridad, existen divergencias mayores. Una de estas es el asunto de la Escritura: ¿es la Escritura suficiente como autoridad para la iglesia o no?

La suficiencia de las Escrituras es, por supuesto, una doctrina que guarda una relación positiva con varias otras convicciones teológicas, tales como la inerrancia, la extensión del canon y la perspicuidad o claridad de las Escrituras. Todas ellas ayudan a moldear nuestra comprensión de la suficiencia, pero escapan al alcance de este breve artículo. Por lo tanto, me enfocaré en la doctrina tal como la entienden generalmente aquellos que aceptan el consenso confesional protestante en estos temas, reflejado en la Segunda Confesión de Londres, las Tres Formas de Unidad y los Estándares de Westminster.

¿Qué significa que la Escritura es suficiente?

Por supuesto, necesitamos analizar a qué nos referimos cuando decimos que la Escritura es suficiente. Si mi auto se avería o si estoy intentando resolver quién cometió el crimen en una novela policíaca especialmente compleja, no encontraré la respuesta en la Biblia. Tampoco encontraré una discusión sobre el genoma humano, las reglas del críquet o las marcas en las alas de las mariposas norteamericanas. De hecho, el alcance de la suficiencia de las Escrituras se resume nítidamente en la Pregunta 3 del Catecismo Menor de Westminster:

P.3. ¿Qué es lo que las Escrituras enseñan principalmente?

R. Lo que las Escrituras enseñan principalmente es lo que el hombre debe creer respecto a Dios y el deber que Dios requiere del hombre.

En otras palabras, las Escrituras son suficientes para una tarea específica: revelan quién es Dios, quién es el hombre en relación con Él y cómo debe articularse esa relación en términos de adoración.

Sin embargo, incluso con esta definición, debemos ser precisos respecto a la naturaleza de esta suficiencia. En algunas áreas, las Escrituras son suficientes para enseñar principios, pero no para proporcionar detalles específicos. Por ejemplo, aunque enseñan claramente que la iglesia debe congregarse para el culto en el Día del Señor, no especifican horarios ni lugares precisos. Ni mi congregación local ni la hora de nuestros cultos se mencionan en ningún lugar del Nuevo Testamento. La suficiencia de las Escrituras no se ve comprometida por esta falta de detalles; la Escritura nunca tuvo la intención de hablar con precisión sobre tales pormenores locales.

Esta última observación es, quizás, obvia. Un punto más sutil sobre la suficiencia de las Escrituras se puede deducir de las epístolas pastorales de Pablo. Cuando Pablo escribe estas cartas, está trazando su diseño para la iglesia postapostólica. Por lo tanto, es significativo que no se limite a decirles a Timoteo y a Tito que se aseguren de que haya copias de la Biblia disponibles para la iglesia. Si la Escritura, por sí misma y de forma aislada, fuera suficiente para mantener la verdad de la fe, seguramente eso habría sido todo lo que habría tenido que hacer.

En cambio, no solo enfatiza la importancia de las Escrituras, sino que también afirma que existe la necesidad de oficiales (ancianos y diáconos) y de la adhesión a una forma de las sanas palabras (una tradición de enseñanza credal). Así pues, decir que la Escritura es suficiente para la iglesia no significa decir que es lo único necesario. Los oficiales y los credos, confesiones o declaraciones de fe (formas acordadas de sanas palabras) también parecen ser una parte fundamental de la visión de Pablo para la iglesia postapostólica.

Dados estos factores, hay un sentido en el que podríamos decir que los protestantes creen en la insuficiencia de las Escrituras: reconocemos que la Escritura es insuficiente para muchos de los detalles de la vida cotidiana, como el mantenimiento de motocicletas y la preparación de curris. Incluso es insuficiente para el funcionamiento diario y la buena salud de la iglesia: necesitamos ancianos, diáconos y formas de sanas palabras. Sin embargo, para lo que sí es suficiente es para regular el contenido doctrinal de la fe cristiana y la vida de la iglesia a un nivel de principios. Ese es el punto de Pablo en 2 Timoteo 3:16. En otras palabras, hablar de la suficiencia de las Escrituras es una forma de hablar de la autoridad única de la Escritura en la vida de la iglesia y del creyente, como la fuente autoritativa y suficiente para los principios de fe y práctica.

¿Para qué es suficiente la Escritura?

Podemos profundizar en esto:

Primero, la Escritura es suficiente como el fundamento noético del conocimiento de Dios. Esto significa que todas las afirmaciones teológicas deben ser consistentes con la enseñanza de las Escrituras. La declaración «Dios es Trinidad» no se encuentra en ningún lugar de la Biblia, pero su contenido conceptual está allí; por eso debe ser afirmada por todos los cristianos. Por el contrario, «María fue concebida sin pecado original» no es un concepto que se encuentre en ningún lugar de las Escrituras. Los católicos romanos que afirman esta noción revelan, por tanto, su postura de que la Escritura no es suficiente como base noética para la teología, sino que necesita ser complementada por el magisterio de la iglesia.

Segundo, la Escritura es suficiente para la práctica cristiana. A nivel de conducta, la Escritura ofrece principios que guían a los creyentes en su vida diaria. Esta puede ser un área complicada: la venida de Cristo exige que los códigos de la ley del Antiguo Testamento se lean a la luz de su persona y obra, y este asunto escapa al alcance inmediato de este breve artículo. Pero el principio de suficiencia es claro: dada la dinámica histórico-redentora, la Escritura proporciona principios generales plenamente adecuados y suficientes que pueden aplicarse a situaciones éticas específicas. Por ejemplo, puede que la Biblia no haga referencia a la investigación con células madre, pero contiene principios que deben moldear nuestra actitud hacia ella.

Tercero, a nivel de la iglesia como institución, la Escritura es nuevamente suficiente para los principios tanto de organización como de culto público. En términos de organización, ya he señalado el hecho de que Pablo considera tanto a los oficiales como a los credos y confesiones como vitales para la salud continua de la iglesia. En cuanto a los oficiales, la Escritura también describe el tipo de hombres que deben ser nombrados. En cuanto a los credos, mi primer punto anterior —que la Escritura es suficiente como la norma normante (norma reguladora) del contenido de las declaraciones doctrinales— es claramente relevante.

Cuarto, en términos de culto público, la Escritura es suficiente para establecer sus elementos: el canto de alabanza, la oración, la lectura y predicación de la Palabra de Dios, la entrega de diezmos y ofrendas para la obra de la iglesia, el bautismo y la Cena del Señor. Al igual que con los credos, la Escritura también es suficiente para regular la agenda y el contenido de los sermones, los cantos de adoración, las oraciones, en qué se gasta el dinero, quién es bautizado y quién recibe la Cena del Señor.

En resumen, se puede saber mucho sobre cómo una iglesia en particular entiende la suficiencia de las Escrituras observando su forma de gobierno, el contenido y los énfasis del culto corporativo, y la manera en que los ancianos pastorean a la congregación.

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